El procurador general de México, Raúl Cervantes, renunció a su cargo ayer lunes, un año después de que fue nombrado.
Dijo que no desea ser una distracción mientras se aprueba una ley que volverá a la fiscalía un órgano más independiente.
Cervantes declaró ante el Senado que su renuncia era inmediata e irrevocable e hizo un llamado al Congreso a “no detener más las urgentes leyes” que el país necesita y que han estado estancadas durante meses.
México aprobó recientemente reformas constitucionales que buscan dar más independencia al cargo del fiscal general, cuyo término de nueve años lo volvería menos vulnerable a la presión de presidentes, cuyo mandato dura un sexenio.
El plan original hubiera dado “pase automático” a Cervantes como fiscal general, pero organizaciones y políticos de la oposición reaccionaron con fuertes críticas, argumentando que el procurador era aliado del presidente Enrique Peña Nieto. Cervantes fue el tercer procurador de Peña Nieto en cinco años.
