Una gira sabatina al este de la provincia de Panamá con tres arqueólogos es, además de un viaje al pasado, una aventura en la cual se aprende.
Partimos hacia el poblado de Chinina, en el distrito de Chepo, para conocer la zona donde en 2011 se encontró la primera evidencia de camellones o campos de cultivos elevados prehispánicos en América Central. Después de un desayuno típico en una gallera, llegamos al puerto de Coquira. Los botes van y vienen por las aguas del Bayano y los pescadores descargan cajas llenas de pescado.
Del otro lado del río es un mundo distinto al de la capital panameña, famosa por sus torres de vidrio, malls y tráfico de gran ciudad.
Esperamos el transporte en un rancho donde se vende comida. Pericos, gallinas, pollitos y dos perros nos entretienen. Más tarde, un loro nos haría reír. La humilde estructura tiene una vista agradable del río.
No hay carretera para llegar a Chinina, sino un camino pedregoso. El picop modificado salta y levanta polvo. Pasamos por potreros y fincas de Tigre Abajo y Martinambo. Por esta zona se hicieron hallazgos arqueológicos en la década de 1970.
En Chinina recorremos el área de los camellones con los arqueólogos. Entre la vegetación que ha crecido y el ganado que erosiona la tierra, no se notan mucho. Cerca del área donde alguna vez se cultivó maíz, hay vacas pastando y garzas. En una nueva prospección, esperan hallar muestras de cerámica para precisar la secuencia de la ocupación en esta zona.
Los lugareños nos sorprenden con su hospitalidad cuando nos brindan un almuerzo casero.
El calor arrecia y una tiendita es como un oasis en el que conseguimos bebidas frías antes de volver. Un jardín de flores silvestres atrae a las mariposas. Es tiempo de regresar a la ciudad. El sol tiñe con matices dorados las riberas del río y el rancho donde nos deja el auto.











