La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, suspendida de su cargo desde hace casi dos meses y medio, dijo ayer que no asistirá a los Juegos Olímpicos de Río como una figura de segunda línea.
“No pretendo tener un papel secundario en los Juegos de Río. Para empezar, son el fruto del gran trabajo del expresidente Lula (2003-2010). En segundo lugar, el gobierno federal proporcionó la infraestructura de las Olimpiadas”, señaló Rousseff en una entrevista con Radio Francia Internacional.
La invitación cursada por la organización de los Juegos Olímpicos a Rousseff es similar a la que recibieron los expresidentes Luiz Inácio Lula da Silva, Fernando Henrique Cardoso, Fernando Collor de Mello y José Sarney, según detalló el diario Estadao.
Rousseff es juzgada por el Senado, tras haber sido acusada de aprobar gastos sin la autorización del Congreso, lo que podría constituir un crimen de responsabilidad que atañe solo a los funcionarios públicos. Según la Carta Magna, esa infracción puede costarle la destitución definitiva.
No obstante la magnitud de la crisis que llevó a su traumático reemplazo por el vicepresidente Michel Temer, exaliado convertido en enemigo, la economista de 68 años se mostró confiada en que el evento será un éxito.
“Están las condiciones para que se desarrollen en un ambiente tranquilo. Las autoridades no deben descansar antes de las Olimpiadas”, puntualizó la mandataria separada.
