Bombarderos rusos atacaron ayer posiciones yihadistas, despegando por primera vez desde un aeródromo en Irán, un paso más en la cooperación militar entre los dos principales aliados del Gobierno sirio, al que apoyan política, financiera y militarmente contra rebeldes y yihadistas.
Estados Unidos, que lidera una coalición aérea internacional antiyihadista en Siria, aseguró que había sido informado de la operación.
El Ministerio ruso de Defensa declaró que bombarderos Tu-22M3 y Su-34 despegaron de la base militar de Hamedan, en el noroeste de Irán, para atacar en Siria posiciones del grupo Estado Islámico (EI) y del Frente al Nusra, actualmente conocido como Frente Fateh al Sham, tras renunciar a su lealtad a Al Qaeda.
Estos ataques aéreos –realizados por primera vez en casi un año de campaña, desde un tercer país– permitieron, según el ministerio, destruir “cinco grandes depósitos de armas y municiones” y campos de entrenamiento en Deir Ezor, en Saraqeb en la región de Idleb y en Al Bab, una ciudad controlada por el EI en Alepo. Los aviones rusos también bombardearon tres centros de mando en las regiones de Jafra y Deir Ezor, eliminando a “un gran número de combatientes”, según el comunicado. No obstante, según el portavoz militar estadounidense, los combatientes del EI están concentrados únicamente en Deir Ezzor y no en Alepo o Idlib.
Moscú y Teherán “intercambian medios e infraestructuras” en el marco de la “lucha antiterrorista”, explicó el secretario del Consejo supremo de seguridad iraní, Ali Shamkhani, a la agencia IRNA.
Una fuente militar reveló también el pasado lunes a la agencia Interfax que Moscú había pedido a Irán y a Irak permiso para lanzar misiles rusos de crucero, atravesando el espacio aéreo de estos países.