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Sábado picante

En Panamá venimos celebrando el Día de la Madre todos los días desde hace años. Por ejemplo, la madre de todos los escándalos: Odebrecht; la madre de las coimas locales: Blue Apple; la madre de los chanchullos: Pandeportes y las federaciones político-deportivas; la madre de los negociados: las planillas de la Asamblea Nacional; la madre de la impunidad: la Corte Suprema y todos sus generosos jueces; la madre [o padre] del descaro: Ricardo Martinelli Berrocal; la madre [o padre] del poco importa, Juan Carlos Varela.

Los panameños, de tanto celebrar el día, ya hemos perdido sensibilidad frente al escándalo. Quien se roba un millón recibe el perdón popular porque lo robado fue bien poquito. Si el juicio por un escándalo lleva cinco años, la reacción es: ¡olviden eso, me tienen cansado con la misma cantaleta! Si jueces y magistrados patrocinan la impunidad, ¡pues bien pendejos son si no sacan algo para ellos! Ya es hasta normal pagar la “soda” al funcionario que hace un trámite para un ciudadano o la coima para el policía de tránsito. Tan institucionalizado está esto que ya debería aparecer en los manuales de procesos de las instituciones estatales.

Es por eso que la indiferencia es la madre de nuestros problemas. Y eso tiene un precio: Panamá es el sexto país más desigual del mundo. Eso significa que nuestra riqueza está pésimamente distribuida. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), en 2018 Panamá terminará de No. 54 –de 182 países– en ingresos per cápita (unos $27 mil al año). Y, según el Banco Mundial (BM), hasta 2017 estábamos de No. 57 –de 189 países– ($24 mil 446 al año). Es decir, Panamá está en el primer tercio de los países con mayores ingresos del orbe.

En América, Panamá solo es superado en ingresos per cápita por cinco o seis países, según las mediciones del FMI y del BM, respectivamente. Entre ellos, Estados Unidos, Puerto Rico, Chile y algunas islas del Caribe. Entonces, ¿por qué estamos en la lista de los más desiguales, como Sudáfrica, Haití y Honduras, pese a estar entre los más ricos? Si los recursos del país terminan en manos de políticos deshonestos –que sobran en Panamá– y de empresarios que se prestan para su macabro jueguito, lo que obtenemos es pobreza. No es casualidad que empresas envueltas en escándalos en Panamá nacieron y se desarrollaron en países que están, precisamente –junto a nuestro país– en la lista de las 10 naciones más desiguales del mundo, como Brasil, Costa Rica y México.

Con todo, aún hay abogados, banqueros y políticos preocupados por las listas negras de OCDE o GAFI. Lo que les debe preocupar es la lista donde permanecemos desde hace décadas: la de los países más desiguales del mundo, porque es esa la madre de todos nuestros males.

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