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Sábado picante

Llegó el Carnaval, y la parranda marca el fin de la veda electoral. El desenfreno por la carne casi termina y comienza el desenfreno por el poder. El lunes recibiremos gorras, pañoletas, suéteres, agua y mentiras. Ya las conocemos: más trabajo, más subsidios, menos corrupción. Lo mismo de siempre y los sospechosos de siempre. Como dice Karla Lamboglia en su recién creado himno a la desilusión política (“Pa’qué”): Pa’qué voy a ver el noticiero / pa’ qué hablar del déficit financiero / pa’ qué saber quién se roba el dinero / pa’ qué… Y pa’ qué voy a aprender de la historia, si aquí todo el mundo pasa sin pena ni gloria / se nos olvida quiénes son la escoria otra vez / miro a mi enemigo a la cara y me dice: Perdóname.

Antes yo me ilusionaba con elegir al presidente: voté por Martinelli y vote por Varela, y, ¿pa’ qué? La cosa sigue igual: las mismas lamentaciones, las mismas acusaciones. Nada cambia y eso que prometieron cambiarlo todo. Y me da pena admitirlo: pero mientras no cambiemos, nada cambiará. Nosotros, corderos, y ellos, leones / nosotros migajas, y ellos millones / nosotros la cárcel y ellos controlan la ley… ¿Cuándo no fue así? Ningún gobierno se salva. Pa’ qué perder mi tiempo escuchando las promesas que ya todos sabemos; pa’ qué ilusionarnos, si ya probamos todos sus engaños.

Tiran la piedra y esconden la mano y luego dicen, perdóname / pero a mí sí me importa, y esta vez, no los voy a perdonar... Porque lo que hacen, para nadie es un secreto: Se turnan y se turnan pa’ seguir robando. Pobre de nosotros, porque somos los que ponemos al perpetuo delincuente en el poder y así este país poco a poco se escurre por la alcantarilla. ¿De qué nos quejamos? ¿De la corrupción? ¿De que las calles no son seguras? ¿De que no hay trabajo? ¿No fuimos nosotros los que pusimos a gerenciar el país a un ladrón? ¿Acaso su asalto al Tesoro hace seguros nuestros hogares? Fuimos nosotros los que le dimos el voto al incompetente para producir nuevas fuentes de empleo. Deberían cambiarnos a nosotros por elegir a ladrones e incapaces.

¿Qué culpa tiene el pillo de su elección, si lo único que sabe es robar? ¿Qué culpa tiene el sinvergüenza de ser nombrado en la Corte, si sabe más de fechorías que de leyes? Somos hasta baratos: 200 bloques por el futuro de nuestros hijos; un jamón llena mi boca por un día para evitar que me queje los otros 364. Si perdonamos al maleante y al mentiroso, entonces la señora Lamboglia tiene razón: ¿pa’ qué escuchar en el noticiero quién roba, si luego lo elegimos pa’ que nos gobierne?; ¿pa qué hablar del défict financiero, si lo que hay detrás es el atraco a nuestros impuestos? No, los políticos no cambiarán. Están cómodos haciendo lo que mejor hacen mientras nosotros gritamos, después que los elegimos, ¿¡hasta cuándo!?


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