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Sábado picante

Debo confesar que la salud y recuperación física de Ricardo Martinelli es, sencillamente, formidable, sin parangón alguno. Tiene 67 años de edad, pero su recuperación es la de un saludable adolescente, pese a que sufre de una serie de enfermedades crónicas e improvisadas que lo dejan a uno boquiabierto. Estuve revisando la lista. Creo que el repaso es completo, pero no estoy seguro, pues las variaciones en esta lista es una cosa que hay que revisar cada mes. Veamos:

Hipercolesterolemia (aumento del colesterol), apnea del sueño, hipertrofia prostática y prostatismo, glaucoma, hernia ventral, ansiedad, constipación inespecífica, hipertensión ocular, astigmatismo. Las más graves son sus afecciones cardíacas, que pasan por problemas coronarios, fibrilación auricular (arritmia); cardiopatía isquémica, hipertensión arterial crónica y hasta tuvo un infarto del que él no se dio cuenta, sino su médico.

Sus voceros han dicho que ha tenido amenaza de derrame, que sufrió cáncer de próstata terminal –del que se ha recuperado total y milagrosamente– y ahora sus médicos le han encontrado una enfermedad psiquiátrica, aparentemente transitoria, que lo deja fuera del juicio por tres semanas. En Estados Unidos, cuando estuvo de vacaciones antes de su extradición, pasó por un proceso de angioplastia y la colocación de stent vascular, aunque él escribió que el asunto era más grave: “estoy a punto de que me abran el corazón”.

La gravedad de sus padecimientos lo ha obligado, incluso, a solicitar los servicios de un cura para que le diera los santos óleos, ya que atravesaba por una delicada condición de salud, anunció su vocero Luis Eduardo Camacho y su esposa, Marta Linares. He perdido la cuenta de las hospitalizaciones (incluida la de la sala de cuidados intensivos), exámenes, traslados a hospitales, por los que él ha pasado.

Pese a la magnitud de sus graves padecimientos, ha tomado la decisión de no tomar los medicamentos para aliviar sus afecciones cardíacas, o ha evitado practicarse exámenes, pues exige médicos y hospitales privados específicos frente a la basura que son los públicos. Sus múltiples y graves enfermedades no han mermado mínimamente su profunda vocación por el servicio público.

Martinelli ha dejado claro que está dispuesto a dejar la cama hospitalaria para recorrer las calles. Ha exigido que le dejen hacer campaña para ser diputado de la Asamblea y alcalde del distrito capitalino, lo cual supone un esfuerzo extremo a su condición de sobreviviente de cáncer, de un infarto al corazón, a su amenaza de derrame y ahora a su condición mental, que, según su médico, pone en riesgo su propia existencia.

No cabe duda: este hombre es grande entre los grandes.


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