El hombre brasileño, cuya milagrosa cura de una infección cerebral allanó el camino para la canonización de la madre Teresa, dijo el viernes pasado que está agradecido por su vida, pero que no se siente particularmente escogido por Dios.
Marcilio Haddad Andrino dijo durante una conferencia de prensa en El Vaticano que, más bien, él solo es un ejemplo de la amplia misericordia y amor de Dios.
“El Señor misericordioso nos mira a todos sin distinción”, dijo Andrino. “Quizás esta vez fui yo, pero quizás mañana será alguien más. La madre misericordiosa nos cuida a todos. No me siento especial”. En diciembre, el papa Francisco decretó que la cura de Andrino era un milagro luego de que doctores y teólogos del Vaticano determinaron que era inexplicable desde un punto de vista médico y que se debía a la intervención de la madre Teresa, quien murió en 1997. Fue el paso final necesario para canonizar a la monja que cuidó de los más pobres. La esposa de Andrino, Fermanda Nascimento Rocha, recordó que ella y su familia comenzaron a rezar fervientemente por la intercesión de la madre Teresa luego de recibir una reliquia de la monja el 5 de septiembre de 2008, después de que Andrino comenzó a padecer los efectos de una infección viral en el cerebro.
Para diciembre de ese año, pese a que se le administraron fuertes antibióticos, los abscesos cerebrales y fluidos se habían acumulado tanto que Andrino estaba teniendo dolores de cabeza incapacitantes. De acuerdo con la historia oficial, los doctores decidieron que lo único que se podía hacer es operar, pero el día de la operación no pudieron prepararlo. “Cuando el doctor salió de la sala de operación diciendo que no lo podían operar —y que el medicamento ya no estaba funcionando— yo recé mucho”, dijo Nascimento Rocha. Cuando el doctor regresó al cuarto de Andrino, él estaba despierto, libre de dolor y asintomático, según el sacerdote encargado de la santificación de la madre Teresa, el reverendo Brian Kolodiejchuk.