El 10 de abril de 2015, tras meses de gran revuelo en Colombia, el hacker Andrés Sepúlveda fue condenado a 10 años de cárcel por las interceptaciones ilegales realizadas a negociadores del proceso de paz entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
En el preacuerdo firmado con las autoridades, Sepúlveda aceptó ser responsable de los delitos de acceso abusivo a un sistema informático, uso de software malicioso agravado, concierto para delinquir agravado y violación de datos personales agravado, reportaron los medios locales. Ese día, también pidió perdón por las actividades ilegales que ejercía y reconoció que lideró la “mayor central de propaganda negra” contra el presidente Juan Manuel Santos, durante la campaña.
Ayer volvió a ser noticia. Nuevas declaraciones del hacker revolucionaron la región, luego de que Bloomberg Businessweek publicó un extenso reportaje en el que desvela que Sepúlveda hizo el mismo trabajo sucio en otros ocho países, durante ocho años. Según el artículo, Nicaragua, Panamá, Honduras, El Salvador, México, Costa Rica, Guatemala y Venezuela vieron influenciadas sus campañas políticas con trucos y mentiras divulgadas a través de las redes sociales, aprovechándose de que la gente –dice Sepúlveda– cree más en lo que espontáneamente dicen las personas que en lo que manifiestan expertos y analistas en la televisión y en los periódicos.
De Panamá no hay ni un solo detalle sobre qué campaña o político lo habría contratado y qué tipo de trabajo habría hecho. Asegura, empero, que el trabajo más complejo lo hizo en la campaña para llevar a Enrique Peña Nieto a la Presidencia de México.
“Mi trabajo era hacer acciones de guerra sucia y operaciones psicológicas, propaganda negra, rumores, en fin, toda la parte oscura de la política que nadie sabe que existe pero que todos ven”, declaró a Bloomberg Sepúlveda, durante una entrevista concedida con el propósito de “convencer al público de que se ha rehabilitado” y tener la oportunidad de que le reduzcan su condena.
Es la primera vez que habla en detalle.
SU PRIMER TRABAJO
Este experto en tecnología, de 31 años de edad, dice que conoció las computadoras a los 15, tras salirse de la escuela. Luego, aprendió a programar.
El hermano mayor del hacker era publicista y ayudaba en la campaña parlamentaria de un partido alineado con el entonces presidente de Colombia, Álvaro Uribe. Así, un día Sepúlveda llegó a la sede del partido. Asegura que sacó su laptop y empezó a revisar las conexiones inhalámbricas e ingresó al computador de Juan José Rendón –un afamado asesor de candidatos políticos venezolano – que para ese momento era el estratega del partido. Lo que siguió fue un hackeo: descargó la agenda de Uribe y sus próximos discursos. Dice que Rendón se puso furioso, pero lo contrató enseguida.
Tras la publicación, a través de su cuenta de Twitter y en declaraciones a medios, Rendón ha negado toda relación con Sepúlveda y anunció que lo demandará. “Este señor tiende a fabular historias desde hace dos años. Creo que lo que dice lo ha visto en una serie. Él es un criminal, un delincuente y yo no hago cosas al margen de la ley”, dijo a copolitica.com.
Rendón remarcó que “lo más increíble es que se diga que casi todas las elecciones de América Latina han sido manipuladas y... desde las redes sociales... Se olvidan de los debates, de la televisión, de la prensa, de la imagen de los candidatos... eso es sobreestimar las redes sociales”.
Sepúlveda narró que su primer trabajo fue infiltrarse en el sitio web de un contendor de Uribe, robar una base de datos de correos electrónicos y enviar correos masivos a los usuarios con información falsa, tareas que le tomaron un mes y por las cuales recibió $15 mil en efectivo. “Era muy joven, hacía lo que me gustaba, me pagaban bien y viajaba, era el trabajo perfecto”, declaró a Bloomberg. Luego, precisó, creó un software para administrar y dirigir cuentas falsas de Twitter, con el cual podía cambiar nombres, fotos de perfil y biografías.
¿CÓMO OPERABA?
Sepúlveda aseguró a la revista que usaba pasaporte falso para viajar y se hospedaba en hoteles, lejos de los miembros de las campañas, y nadie podía entrar a su cuarto con un teléfono inteligente o cámara fotográfica. También expresó que la mayoría de los trabajos eran acordados en persona, que Rendón le entregaba “una hoja con nombres de objetivos, correos electrónicos y teléfonos”, que él se llevaba esa información al hotel, donde “ingresaba los datos en un archivo encriptado y luego quemaba el papel o lo tiraba por el excusado”.
Agregó que él y Rendón se comunicaban a través de teléfonos encriptados que cambiaban cada dos meses; y que le enviaba “informes de avance diarios y reportes de inteligencia”, a un intermediario de la firma de Rendón, por medio de cuentas de correo desechables.
Luego detalló que cuando su trabajo terminaba destruía todo lo que pudiera incriminarlo a él o a los miembros de la campaña para la que trabajaba. Había una secuencia de destrucción específica, codificada por color, explicó. El día de las elecciones destruía todos los datos clasificados como “rojos” (llamadas telefónicas y correos electrónicos interceptados, listas de víctimas de piratería informática e informes confidenciales que preparaba para las campañas; todos los teléfonos, discos duros, memorias USB y servidores informáticos eran destruidos físicamente). La información clasificada como “amarilla” (agendas de viaje, planillas salariales, planes de recaudación de fondos) se guardaban en un dispositivo de memoria encriptado que se le entregaba a las campañas para una revisión final, y una semana después era destruido.
Sepúlveda indicó que no trabajaba solo, que tenía un equipo de 7 a 15 personas de diversos países de Latinoamérica, hackers como él, los cuales iba rotando y trabajaban desde casas o apartamentos que alquilaba.
Sepúlveda aseguró que en la campaña de 2012, en la que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Peña Nieto regresó al poder, tras 12 años en la oposición, la empresa de Rondón recibió $600 mil del partido para esparcir rumores falsos por Twitter a su favor o intervenir los teléfonos y correos de los candidatos opositores Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota y su equipo.
La reacción de la Presidencia fue tajante: “Rechazamos cualquier relación entre el equipo de la campaña presidencial de 2012 con Andrés Sepúlveda o que se haya contratado al consultor J.J. Rendón”. El comunicado también expresa que rechazan “el uso de la información y metodologías planteadas por dicho artículo”, asegurando que la planeación, dirección y ejecución de la campaña del PRI fue realizada por dirigentes, militantes y simpatizantes del partido.
