El primer ministro paquistaní Nawaz Sharif juró ayer combatir a los autores de ataques terroristas, como el atentado masivo contra cristianos que festejaban la Pascua en la ciudad oriental de Lahore el día anterior y que dejó 72 muertos.
El ataque puso de manifiesto la capacidad de los milicianos para realizar grandes ataques, a pesar de meses de ofensiva del gobierno en su contra, así como la posición precaria de la minoría cristiana en el país.
El atentado fue reivindicado por una facción escindida de los talibanes paquistaníes que ha jurado lealtad al grupo Estado Islámico. Mientras, en la capital del país, Islamabad, se registraron disturbios por segundo día debido a protestas de extremistas iniciadas el día anterior en torno al Parlamento y otros edificios importantes del centro de la ciudad. Los manifestantes incendiaron autos, exigiendo que las autoridades impongan la sharia o ley islámica.
El ejército seguía el lunes en las calles en torno al Parlamento y edificios señalados de la ciudad, después de su despliegue el domingo para sofocar las protestas. El ataque se produjo en un parque abarrotado de familias. Entre los muertos había muchas mujeres y niños, y al menos 300 personas resultaron heridas.El lunes comenzaban los tres días de luto oficial por el atentado.