A finales de enero de 1976, dos empresarios atuneros, con base en Ecuador, clientes del bufete Robles & Robles, se acercaron a la “Pensión Robles” (casualidad) a preguntar por los hermanos Winston e Iván, integrantes del grupo de panameños recién desterrados por la dictadura militar.
Roberto Eisenmann, uno de los exiliados, dijo que los atuneros fueron a invitar a sus abogados a un almuerzo.
Rubén Darío Chinchorro Carles, que la pena la dejó en la pila bautismal, cortó el paso a los anfitriones e hizo gala de su espíritu ahorrativo: “Está bien, aceptamos el almuerzo; somos 13”.
La risotada, a lo panameño, inundó el lugar. Al final, los empresarios demostraron ser buenos clientes.
POLIFACÉTICO
Antes y después, en el renacer juntos del exilio, en 1979, Roberto Eisenmann trabajó muy cerca de Iván Robles, lo conocía bien: “Era de un carácter recio, franco al extremo, hablaba sin tapujos, sabía en qué piso estaba parado. Para ser amigo de él, tenías que quererlo”.
Sin embargo, detrás del jurista serio, austero al hablar y de recto caminar con el mentón en alto, había un ser humano extraordinario.
Gustaba mucho de la música clásica y de la ópera. Cuando se entregaba a la cocina, a sus comensales les gustaba rehabilitar el plato. Fue un experto en tecnología moderna y, como contradicción, era un gran artesano. Su casa de El Valle de Antón, Coclé, es testimonio de su destreza en la ebanistería.
PROFESIONALISMO
Fue socio fundador de la firma Robles & Robles y ejerció como abogado desde 1972. Estudió derecho en la Universidad de La Plata, Argentina.
Durante el período 1976-1977, prestó sus servicios como asesor especial del Departamento de Préstamos del Dadeland Bank de Miami, Florida.
Desde su regreso a Panamá, en 1979, se vinculó al derecho marítimo. Fue miembro del Colegio Nacional de Abogados desde 1980, del Comité Marítimo Internacional desde 1987, del Instituto Iberoamericano de Derecho Marítimo desde 1989 y de la Asociación Panameña de Derecho Marítimo desde 1989.
Uno de sus más grandes legados es haber luchado, sin tregua, contra la dictadura militar que desnudó el sable el 11 de octubre de 1968 para derrocar al presidente constitucional Arnulfo Arias Madrid. Fue fundador del diario La Prensa y miembro del consejo editorial de La Estrella de Panamá.
MALETEROS
Otro que vivió el exilio junto a Iván Robles fue Alvin Weeden, abogado, político y excontralor general de la República. Dos valientes que soportaron la dureza de la expatriación, además de reírse de las penurias que les tocó atravesar.
En 1978, los dos trabajaron como maleteros en el aeropuerto de Miami, Florida. Alvin se ríe cuando recuerda la insistencia de un “americanito” por conocerlos. Un día, en la jornada de 7:00 a.m. a 3:00 p.m., el gringuito le preguntó a Iván quién era. Le contestó que panameño y abogado.
Después, en el turno de 11:00 p.m. a 7:00 a.m., el curioso le aplicó lo mismo a Alvin, quien respondió: “abogado y panameño”. Entonces, el “americanito” soltó una carcajada, acompañada de un grito: “Todos los panameños son abogados”. Lo único que dijeron los paisanos fue: ¡¡Chuleta!!
“Iván mantuvo una lucha cerrada contra el totalitarismo, desde el Movimiento de Abogados Gremialistas hasta la trinchera periodística”, anotó Alvin Weeden.
Iván Robles Chiari nunca fue un hombre rutinario. Y así será hasta el final.
Se lleva el cariño de familiares, amigos, paisanos y compañeros del exilio, aquellos sacados de su patria como raíz cuando los hombres de verde olivo se creían dioses.
Coraje y determinación
Iván Robles Chiari fue dirigente del Partido Acción Popular (PAPO). Siempre defendió la libertad de expresión. Después de la fundación de La Prensa, en agosto de 1980, se mantuvo como un importante asesor, en especial en lo referente a la defensa de las libertades individuales. Roberto Eisenmann lo consideraba un hombre inteligente, de decisiones acertadas y responsable en su desempeño como profesional del derecho. Siempre estuvo al lado de su hermano y exdirector de La Prensa, Winston Robles. Iván falleció el pasado 9 de marzo. Le sobreviven su hermana Alma Robles Chiari, su esposa Julieta Díaz, sus hijos Iván Rogelio y Larissa, Vanessa y Teddy, Enoch Elías y Carmela, y su nieto Enoch Eduardo. “Nuestro amor, admiración y respeto, perdurarán por siempre junto a ti. Coraje y determinación son el mayor legado que dejas para todos los que te amamos”, es el mensaje de la familia del destacado jurista y patriota.
