Cuando Dionelis Martínez decidió abandonar su natal Cuba para dirigirse a Estados Unidos, evitó comentar a su mamá que el recorrido implicaba viajar por la extensa e inhóspita selva de Darién, en Panamá.
“Mi mamá está grave y enferma para darle esta preocupación”, contó la mujer mientras se alimentaba en la terminal de transporte de Albrook, donde pernocta en espera de dinero para proseguir su travesía.
Martínez narró que salió de Cuba hasta llegar a Venezuela. Posteriormente, siguió por Colombia, donde comenzó su peor travesía: seis días caminando de día y descansando de noche, atravesando la selva y los ríos.
“Solo queda caminar, retroceder es morir”, manifestó la mujer, quien forma parte del grupo de migrantes continentales y extracontinentales que desde mayo comenzaron a llegar a la frontera de Darién.
En este escenario, autoridades del Ministerio de Seguridad Pública, el Servicio Nacional de Fronteras, Servicio Nacional de Migración y el Sistema Nacional de Protección Civil visitaron ayer la zona, como parte del operativo “Flujo Controlado”.
El ministro de Seguridad Pública, Alexis Bethancourt, anunció que “redoblarán” las acciones para evitar afectaciones e invitó a los migrantes a evitar internarse en la selva de Darién, porque ponen en peligro sus vidas.
Bethancourt expresó que por razones humanitarias el Gobierno no dejará morir a estas personas.
De hecho, el funcionario, junto con los directores de otras entidades, recorrió los albergues donde están los migrantes en Darién.
A su vez, el Ministerio de Salud continúa con la atención médica a cubanos y africanos que se encuentran en la terminal de Albrook para evitar la propagación de cualquier tipo de virus.
Las autoridades también evalúan la situación de los extranjeros en la frontera con Costa Rica.