Al menos 66 personas murieron tras la explosión de un ducto de la petrolera estatal Pemex en México que presuntos ladrones de combustible habían roto, dijeron autoridades el sábado, mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador defendió al Ejército por no haber despejado el lugar antes del estallido.
Decenas de cuerpos calcinados yacían en el campo carbonizado donde ocurrió la explosión el viernes por la noche en el municipio de Tlahuelilpan, en el central estado de Hidalgo, en uno de los peores incidentes que han golpeado la infraestructura petrolera de México en años.
Forenses inspeccionaron y fotografiaron los restos, mientras soldados y otros militares custodiaban el área acordonada llena de zapatos y ropa medio quemados, además de contenedores utilizados por las personas para recolectar combustible.
El gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, dijo en una conferencia de prensa junto con López Obrador que 66 personas murieron y otras 76 resultaron heridas en la explosión, que ocurrió cuando residentes intentaban llenar cubos y tambores con combustible que brotaba desde el ducto fracturado.
López Obrador se comprometió a reforzar su ofensiva contra el robo de combustible, que según el gobierno significó pérdidas de unos 3 mil millones de dólares para Pemex en 2017. Ordenó semanas atrás que los ductos se cerraran temporalmente para evitar pérdidas millonarias de la petrolera estatal.
Videos en las redes sociales mostraron que personas recolectaban combustible en horas del día en presencia de efectivos de las fuerzas armadas.
