Turquía amplió ayer una purga contra sospechosos de alentar un fallido golpe militar, al elevar a 6 mil el número de personas detenidas en las fuerzas armadas y el Poder Judicial, mientras el Gobierno sostiene que mantiene por completo el control del país y de su economía. Partidarios del mandatario Tayyip Erdogan se congregaron frente a su casa en Estambul para pedir que quienes se alzaron contra el Gobierno afronten la pena de muerte, que Turquía derogó en 2004 como parte de sus esfuerzos para sumarse a la Unión Europea.
“No podemos ignorar esta demanda”, dijo Erdogan a la multitud. “En las democracias hay que hacer lo que pide el pueblo”.
Imágenes en las redes sociales mostraban a soldados detenidos sin ropas de la cintura hacia arriba y a algunos usando solamente ropa interior, esposados en el piso de un complejo deportivo en Ankara. El Ministerio de Relaciones Exteriores dijo que los hechos dejaron unos 290 muertos, entre ellos, más de 100 rebeldes, y mil 400 heridos. La violencia sacudió al país de 80 millones de habitantes.
