La misión de la Unión Europea (UE) en los territorios palestinos condenó ayer la reanudación por parte de Israel de la construcción del muro de separación en Cisjordania, y en concreto en el valle de Cremisán, cerca de Belén.
Israel empezó el 7 de abril a colocar bloques de hormigón de ocho metros de altura en la zona mayoritariamente cristiana de Beit Jala y del valle de Cremisán, justo al sur de la colonia judía de Gilo.
El proyecto ha chocado con la fuerte resistencia de la comunidad cristiana palestina, que movilizó al papa Francisco en su favor y recurrió el trazado ante la justicia israelí.
En un comunicado, las misiones de la UE en Jerusalén y Ramallah dijeron estar “muy preocupadas por la reactivación de las obras de construcción de la barrera de separación en el valle de Cremisán”.
Los palestinos se anotaron una victoria provisional en abril de 2015, cuando la Corte Suprema israelí bloqueó el trazado del muro y pidió al Gobierno considerar otros posibles. Sin embargo, tres meses más tarde autorizó su construcción, con apenas algunas restricciones.
En plena Intifada, Israel empezó en 2002 a construir este muro que, según las autoridades, protege al país de los ataques procedentes de Cisjordania .
De momento, se han erigido dos tercios del trazado previsto, que una vez concluido tendrá una longitud de unos 700 kilómetros, según lo estimado.