Juan Carlos Varela parece una estrella de rock. Donde quiera que va, el Presidente de la República ocasiona aplausos, gritos, vítores y euforia, principalmente entre el público femenino.
Lo demostró una vez más ayer, cuando Varela visitó la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, en Santiago de Veraguas, donde lanzó el programa estatal Panamá Bilingüe, que tiene como fin capacitar a 2 mil docentes en el idioma inglés para que enseñen a los jóvenes panameños.
El mandatario arribó al colegio un par de minutos pasadas las 3:00 p.m., tres horas y media después de lo pactado para el comienzo del acto. Llegó a Santiago en helicóptero proveniente de Chitré, Herrera, donde se retrasó al anunciar medidas por la contaminación del río La Villa.
En las escaleras de la Normal lo esperaban alrededor de 50 personas. Entre ellas, la directora del plantel, Dora Bernal, y la cacica general de la comarca Ngäbe Buglé, Silvia Carrera.
La dirigente indígena dijo que fue a saludar a Varela y porque su hijo Sixto, de 25 años, estudia en ese colegio para convertirse en profesor.
El gobernante se abría paso entre directivos, profesores, administrativos, estudiantes y curiosos. Por ejemplo, la secretaria Emilda de Núñez y la cocinera Iluminada Medina, ambas con 22 años de laborar en la Normal, esperaban entusiasmadas su llegada. Las dos comenzaron a trabajar allí el mismo día, cuando fueron contratadas por el director Miguel Ángel Alfana, arnulfista de pura cepa que nombró en el colegio a varios de sus copartidarios.
Antes de entrar al salón Polidoro Pinzón, donde sería el acto del lanzamiento del programa bilingüe, Varela recibió en más dosis abrazos, saludos, llaveros y besos. Dos adolescentes, por ejemplo, se abrieron paso a la fuerza para robarle un beso en la mejilla al gobernante. “Estás que ni cabes en el pellejo”, le dijo una a la otra en evidente estado de euforia.
Ese mismo ánimo se mantuvo dentro del auditorio, donde estallaron aplausos junto con la melodía marcial de la banda del colegio. Por fin Varela subió al escenario, decorado con cortinas azules y doradas. A los lados, un mural que mezclaba pinturas bíblicas con científicas engalanaba las paredes.
Tras la invocación religiosa, a cargo de Audilio Aguilar, obispo de Santiago, la directora Bernal tomó la palabra para desearle éxitos a Varela. Discurso similar al de su sucesora, Caroline Mojica, ganadora del II concurso regional de oratoria, quien se dirigió en inglés al mandatario.
La Normal continuó con sus honores al Presidente con Fulvia González, intérprete de décimas, que comenzó con una composición propia sobre el triunfo del panameñista y terminó con Cumbia santiagueña.
Luego vino el turno de la coral poética del plantel, integrada por 32 estudiantes que recitaron Las normalistas son blancas, de Carlos Francisco Changmarín.
El último homenaje del plantel fue una réplica del anuario de la promoción de 1948, cuando se graduó Bechi Rodríguez, madre del Presidente. El regalo le sacó las lágrimas al gobernante, quien entre sonrisas pasó las páginas del libro hasta encontrar la fotografía de su mamá.
Entonces habló el hombre del momento, que comenzó su discurso con disculpas por el retraso. Explicó que el programa bilingüe intenta cubrir a 25 mil docentes y a 285 mil estudiantes durante los próximos cinco años.
Los educadores, indicó, viajarán por seis meses a Estados Unidos o a Inglaterra para aprender metodologías que luego aplicarán en Panamá. El costo anual del programa, calculó Varela, es de aproximadamente $25 millones.
El mandatario también habló sobre su compromiso con una democracia funcional. “Cualquiera construye obras. Yo quiero dejar ciudadanos responsables”, afirmó.
Su antecesor Ricardo Martinelli se jactó de ser el mandatario que más obras hizo en 50 años en Panamá.
Al finalizar el acto, conversó sobre otros temas. Dijo respetar la intervención de la Superintendencia de Valores a Financial Pacific, reiteró su esfuerzo por solucionar el problema de la contaminación del agua potable en Azuero y prometió construir una carretera hacia Mariato, Veraguas.
Después de sus declaraciones, se volvió a sumergir entre los besos, abrazos y fotografías. El mandatario está de moda.
