TERREMOTO DE 6.2 DEJA AL MENOS 124 MUERTOS Y CIENTOS DE DESAPARECIDOS EN ITALIA

Varias localidades devastadas

Antes de que llegaran los servicios de rescate, los vecinos excavaban como podían, guiándose por la voz de los que estaban bajo las piedras.

Varias localidades devastadas
Rescatistas buscan sobrevivientes. Al fondo, el campanario del siglo XII.

Un terremoto de magnitud 6.2 grados en la escala de Richter devastó el centro de Italia, concretamente parte de las regiones del Lazio, Marcas y Umbría. El balance provisional ascendió a 124 personas, confirmó el jefe de la Protección Civil italiana, Fabrizio Curcio.

Horas antes, el primer ministro, Matteo Renzi, que visitó las zonas afectadas para seguir la emergencia, había informado del fallecimiento de “al menos 120”.

Es un número destinado a aumentar durante la noche mientras los equipos de rescate continúan las labores de búsqueda de sobrevivientes. “Italia es hoy una familia golpeada, pero que no se detiene”, señaló.

El seísmo, que también causó centenares de heridos, se sintió durante más de 15 segundos en Roma, situada más de 130 kilómetros al suroeste del epicentro, localizado en la provincia de Rieti, en la región del Lacio, aunque también afectó con fuerza a la región de Umbría. Las localidades más dañadas son Norcia, en la provincia de Perugia; Arquata del Tronto, en la de Ascoli Piceno; y Accumoli y Amatrice, en Rieti.

Son pequeñas localidades, con poca densidad demográfica, pero que en agosto multiplican por dos las personas que lo habitan. Antes de que el feroz terremoto irrumpiera a las 3:36 a.m. (hora local) y lo redujera a un amasijo de piedras, Amatrice era uno de los burgos medievales más bellos de Italia. Desde esta turística localidad, famosa por la salsa “amatriciana”–que tenía previsto celebrar este fin de semana una fiesta en honor a los 50 años de este plato típico– llegaron los primeros testimonios de la tragedia recogidos por el periódico Corriere della Sera.

“¡Corred, corred, hay que salir de aquí!”. Estas fueron las primeras palabras que Paola Mancini escuchó segundos después de la primera sacudida. Esta anciana de 79 años estaba ingresada en el hospital Grifoni cuando, tras el fuerte temblor del suelo, una enfermera comenzó a gritar apremiando a los internos a salir cuanto antes a la calle. “Estábamos dos personas en la habitación de urgencias. Nos levantamos y empezamos a correr como pudimos. Al instante estamos en el pasillo, donde nos encontramos a un médico que nos tranquilizó como pudo”, afirmó derramando lágrimas.

Esta vecina de Amatrice, que había ingresado el pasado martes al centro hospitalario, recordó con terror los peores momentos de pánico. “Fue una sacudida larga y terrible. Hemos tenido miedo, nos hemos quedamos paralizados por el terror”, detalló. La anciana afirmó que solo cuando salió del hospital fue consciente de la tragedia a la que había sobrevivido. “Cuando llegó la primera ambulancia, sobre la camilla iba un hombre cubierto de sangre. No lo reconocí, pero sé que era habitante de la localidad. No paraba de llorar y repetir: ‘Mi mujer ha muerto, mi mujer ha muerto porque nuestra casa se ha derrumbado”.

Este pueblo se llevó la peor parte. Las autoridades italianas temen por la vida de 70 turistas que se alojaban en el histórico Hotel Roma, situado en el centro de la localidad, y del que hasta última hora de ayer habían sido recuperados dos personas sin vida.

El obispo Giovanni D’Ercole, de la diócesis de Ascoli, se desplazó hasta el lugar de la tragedia. “Tuve que bendecir los cuerpos de dos niños muertos bajo los escombros. El espectáculo es desolador. Cuando llegué con las luces del alba vi un pueblo destruido, gritos, muertos. No sabemos cuántos son. Estamos verdaderamente en una situación desesperada y no somos el único pueblo”, lamentó en declaraciones a Radio Vaticana.

Además de las vidas humanas, Italia lamenta la destrucción de su increíble patrimonio. Las casas de piedra situadas en el centro histórico de las tres localidades más afectadas por el terremoto (Amatrice, Accumoli y Arquata) quedaron reducidas a una gran masa de escombros. Estos edificios no tenían construcción antisísmica, una disposición que es obligatoria en las construcciones modernas.

Pero el fuerte sismo no pudo con el campanario del siglo XII del pueblo de Amatrice que se erige estoico entre la desolación. Su reloj se paró a la misma hora que empezaron los temblores.

“Espero que signifique que la ciudad no está destinada a morir y que un día podrá renacer”, señaló el alcalde, Sergio Pirozzi. “Es una tragedia, hay muertos, la mitad del pueblo ya no existe. Tratamos por todos los medios de llevar los primeros auxilios, pero trabajamos con muchas dificultades. Hemos mandado a todos a las instalaciones deportivas”, agregó.

“La situación es muy crítica”, reconocieron en rueda de prensa representantes de Protección Civil del Lacio. Las sirenas de las ambulancias no cesaban y el vaivén de sanitarios y personal cooperante fue constante, mientras que las lágrimas y el dolor se reflejaban en los rostros de los habitantes.

Algunas personas que perdieron su casas comenzaron a trasladarse hasta los campamentos y centros de acogida habilitados en las cercanías. Otras prefirieron desplazarse hasta la casa de algún familiar o amigo en localidades vecinas.

Más de 700 bomberos, además de socorristas, policías y voluntarios, trabajan sin descanso en las pequeñas localidades para extraer a las personas de los escombros.

Antes de que llegaran los servicios de rescate, los vecinos de los pueblos comenzaron a excavar con sus manos entre las ruinas de las casas derrumbadas, siguiendo el hilo de voz de los que estaban vivos bajo los cúmulos de piedra. Pero conforme pasa el tiempo, hay menos esperanzas de encontrar vida bajo montañas de escombros al tiempo que aumenta la rabia y la impotencia.

Las localidades afectadas se encuentran en una zona rocosa, de montaña, atravesada por la cordillera de los Apeninos centrales. Además, la entrada de acceso a algunos de los pueblos afectados se ve obstruida en ciertos puntos por la acumulación de escombros. Todo ello dificulta las labores de rescate de Protección Civil y los bomberos.

Italia es un territorio propenso a la actividad sísmica. En la mente de todos está el recuerdo del terremoto de 5.8 grados de magnitud que se produjo en 2009 en la localidad de L’Aquila, también en el centro de Italia, y que provocó unos 300 muertos.

Marco, un ecologista que trabaja en la zona Rieti y cuya casa se sitúa en el centro histórico de Amatrice, relató a Repubblica: “Estoy a salvo gracias a un milagro. Han bastado 10 segundos para destruir todo”. “Me acuerdo del terremoto de L’Aquila, que duró más tiempo; aquí, en cambio, en un momento ha sucedido todo”, agregó.

Los geólogos catalogan al centro de Italia como un polvorín geológico porque en esta zona confluyen diferentes fuerzas de deformación de la Tierra.


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