CONTAMINACIóN

Volver a ver el mar

Volver a ver el mar
Aun cuando la ciudad había crecido alrededor de la bahía, pocas eran las actividades que se realizaban en estas áreas.

Desde la contaminación de la bahía de Panamá, la ciudad le dio la espalda a su mar. Atrás habían quedado los años de gozo y disfrute en la playa de Bella Vista o en la de San Francisco.

Hasta hace unos años, cuando volvió la vida a la costa metropolitana. Más allá de las rebuscas políticas y los contratos arreglados, las coimas y los secretos, la cinta costera se ha encargado de revivir y darle la cara al mar.

Volver a ver el mar
Aun cuando la ciudad había crecido alrededor de la bahía, pocas eran las actividades que se realizaban en estas áreas.

Por sus paseos transcurren deportistas, músicos, bailarines, profesionales, niños, animales, vendedores. Es un punto de encuentro con el agua salada como protagonista. La nueva tendencia fue difícil de revivir. Pero poco a poco la gente se animó y los jardines de la cinta son el hogar de un sinfín de actividades. La más importante es quizás la más sencilla: sentarse a conversar mirando hacia la inmensidad del Pacífico.

En los tiempos del malecón de la avenida Balboa, era apenas una acera para caminar, para transitar. Si acaso el parque Anayansi servía como refugio del ritmo voraz de la ciudad. Sin embargo, ahora es un espacio para conversar, para caminar, para vivir. Un espacio sin aire acondicionado ni tiendas por doquier.

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Aun cuando la ciudad había crecido alrededor de la bahía, pocas eran las actividades que se realizaban en estas áreas.

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