TRADICIÓN. ASAMBLEA APRUEBA PROTECCIÓN DE MEDICINA INDÍGENA

Una alternativa desdeñada

Cuando las mujeres de áreas comarcales van a dar a luz deben recurrir a las parteras, lo que hace de la medicina tradicional su única alternativa.

Una alternativa desdeñada
La medicina tradicional tiene algo de espiritual. El médico botánico eleva primero una oración, pidiendo ayuda para curar al paciente.

La mañana avanzaba rápidamente en la selvática provincia de Darién, donde el agobiante calor de un verano que había secado los caudalosos ríos, causaba sopor y pereza.

En su rancho sobre una colina, desde donde se divisaba el anchuroso río Chucunaque, Arnulfo Chango, un anciano emberá, tomaba a sorbos el café del día y escuchaba las noticias de un pequeño radio.

Chango, de unos 70 años y rostro marcado por las luchas de la vida, mantenía un soliloquio sobre el futuro de su vida y de la misión que había asumido hacía 50 años. “Ya casi nos morimos y con nosotros la medicina de nuestros abuelos”, comentó con cierta desilusión.

De repente, el locutor leyó: “En una de sus últimas sesiones del período, el pleno de la Asamblea Nacional aprobó por mayoría y en tercer debate, el proyecto de ley No. 80, que establece la protección de los conocimientos de la medicina tradicional ancestral indígena, proyecto que fue presentado por la diputada de la etnia ngäbe, Crescencia Prado”.

El corazón del viejo curandero dio un vuelco. Su tristeza se trocaba en esperanza, pues ello significaba que todos los conocimientos adquiridos con años de práctica y recibidos por tradición oral de sus ancestros, no morirían con él.

En las 45 comunidades indígenas que pueblan Darién aún se practica la medicina tradicional, basada en remedios botánicos, y cuya efectividad está probada ante diversos tipos de enfermedades, infecciones y malestares que aquejan a la gente, pese a que los jóvenes no creen mucho en ella.

“Ni mis hijos, sobrinos ni nietos creen en esta medicina. No hay en la familia quien se interese en estos conocimientos, pues dicen que la medicina científica es más rápida”, señaló.

Al repasar sus logros, cuenta que curar la mordedura de una víbora grande (equis), le tomó seis días, mientras que la de una chica (mapaná), 24 horas.

También derrotó el cáncer de piel y la erisipela en uno y dos meses. “Estas curaciones las hago con diversas plantas en tomas que pulverizo para baños y aplicaciones sobre la piel”, dijo.

Inocencio Guainora, quien trabajó como promotor de la salud en Lajas Blancas, durante 15 años, señala que la población panameña ha escuchado hablar más de los “jaibaná” que de los médicos tradicionales, por la aureola de misterio que irradian.

No obstante, la labor del médico botánico se ha fortalecido por su apostolado anónimo. Es muy querido y respetado en las comunidades, es el médico que resuelve las emergencias en ausencia de un facultativo.

Conoce a fondo el uso de muchas plantas medicinales nativas, está anuente a recibir consejos de los médicos convencionales para mejorar sus infusiones y no tener dificultades. Por ello merecen ayuda, agregó.

Muchos de ellos curan mordidas de víboras, diabetes, cáncer de piel, erisipela, infecciones por picaduras de insecto, y ayudan en prevención y control de embarazos, entre otras labores.

larga lucha

El diputado Salvador Real, médico por más de 25 años en Darién, aseguró que más del 80% de los emberá y wounaan cree aún en la efectividad de este arte de curar.

En su criterio, el Ministerio de Salud está en deuda con los médicos tradicionales y lamentaba que un proyecto de ley sobre el tema que presentaron en 2012, seguía engavetado.

Al ser aprobada la iniciativa en tercer debate, hace dos días, el diputado Jaime Pedrol sostuvo que la medicina botánica juega un rol importante para el sector indígena, ya que sus vidas, en mayoría, dependen más de esta práctica que de la convencional.

Crescencia Prado, diputada proponente de la ley, señaló que la medicina tradicional se viene practicando desde hace mucho, y se ha ido acrecentando ante la falta de médicos científicos.

Explicó que cuando las mujeres de las áreas comarcales van a dar a luz deben recurrir a las parteras, porque los ginecólogos no llegan al lugar. Eso hace que la única alternativa para ellas sea la medicina ancestral.

Prado aseguró que la norma busca, además, rescatar y promover la medicina tradicional, no solo las plantas, sino también los alimentos y frutas como la guanábana, con poderes medicinales.


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