COSTUMBRES. SÍMBOLO ROMÁNTICO SE HA VUELTO UN PROBLEMA URBANO.

¿El amor es un candado?

Una novela de un escritor italiano popularizó los "candados del amor". Su proliferación y su peso ya han causado estragos menores y críticas.

¿El amor es un candado?
Las parejas jóvenes buscan inmortalizar su amor, colgando un candado con sus nombres a la baranda de un puente y luego arrojando la llave al río. AFP.

Entre la biblioteca Mazarino, la más antigua de París, y el famoso museo de Louvre, por el lado del Jardin de l´Énfante, sobre las aguas del río Sena se extiende un puente peatonal que de lejos tiene un extraño brillo metálico.

El Pont des Arts o puente de las Artes es un puente que ya se cayó una vez, golpeado por una barcaza que navegaba por el río.

Hace unos días volvió a ser noticia por la caída de uno de sus barandales, lo que obligó a su cierre temporal.

Pero esta vez no fue la vejez (el puente fue construido por primera vez en 1801) o un accidente fluvial, lo que provocó su conmoción.

Esta vez lo afectó una costumbre relativamente reciente que ha venido tomando auge en los últimos años y ha sido replicada en otros puentes, en otros sitios y en otros países.

Es la costumbre de endosarle candados que traen los visitantes, en su mayoría parejas, en los cuales escriben sus nombres, los cierran y arrojan sus llaves al río para que jamás puedan volver a abrirse.

Sí. Es el puente de los candados del amor.

La baranda no soportó el peso de estos. Algo que ya temían autoridades y ciudadanos menos seducidos por las leyendas románticas.

PUENTES AMOROSOS

Uno de los primeros puentes “amorosos” fue el puente Milvio de Roma, donde al perecer nació la costumbre que después se trasladaría a París y se terminaría regando por diversas ciudades de Europa e incluso de América Latina.

Allí, en 2008, inspirados en los protagonistas de la novela Tengo ganas de ti, del italiano Federico Moccia, cientos de parejas empezaron a engarzar los candados a las farolas del puente.

Un puente antiguo sobre el río Tiber que data de los tiempos del antiguo imperio romano y que por lo tanto es un patrimonio de la ciudad eterna.

Y pasó lo que tenía que pasar.

Que el 13 de abril de 2007, debido al peso abrumador de los candados, las farolas fueron a dar al suelo. O al agua.

Entonces, el alcalde de Roma decidió instalar unos postes con cadenas cerca de las farolas para que fuera más bien allí que los heridos por las flechas de cupido pusieran sus candados.

Sin embargo, en 2012, los candados fueron retirados del todo de las inmediaciones del puente y se dio por terminada la costumbre.

Pero la tradición no tardaría en regarse pronto por otros sitios de Europa.

Entre estos estaba el Pont des Arts, que desde 2008 se convirtió pronto en uno de los más famosos, desplazando al puente romano, para residentes y turistas.

Pero también los hubo pronto en el puente de Hohenzollernbrücke que atraviesa el río Rin, en la ciudad alemana de Colonia.

En Munich aparecieron, de igual forma, los candados amorosos.

HISTORIA VIEJA

Aunque la popularización actual de los candados del amor puede atribuirse a las novelas de Moccia, ya en Italia había una tradición que tal vez fue su inspiración.

En uno de los extremos del ponte Vecchio, en Florencia, se dice que solía pasearse un cerrajero que, para hacer promoción a su negocio, propalaba que si una pareja de enamorados sellaba su amor con un candado, su unión duraría toda la vida.

Así, el enrejado de la estatua de Benvenuto Cellini, uno de los orfebres más importantes del renacimiento italiano, se cubrió pronto de candados.

Nadie atina a afirmar si la historia del cerrajero es verdadera o apócrifa.

Hoy, poner un candado en el famoso puente puede acarrear una multa.

Lo cierto es que mucho antes de la novela del exitoso escritor italiano, en la década de 1980, los estudiantes comenzaron a enlazar candados de amor en un enrejado del monte Mecsek, en Pécs, Hungría.

CANDADO AMERICANO

Rusia y China también han sido alcanzadas por la costumbre de los candados.

Y en el nuevo mundo, Santiago de Chile tiene sus candados amorosos en el puente peatonal Condell, también conocido como pasarela Racamalac, en Providencia.

Mientras, al otro lado de la cordillera, en Buenos Aires, sitios como el rosedal de Palermo o el puente de la Facultad de Derecho dejan ver el brillo de sus candados.

Step es un muchacho italiano que después de vivir un par de años en Nueva York vuelve a su país. El recuerdo de una mujer llamada Babi, lo atormenta. Al regresar se da cuenta de que su vida ha cambiado. Entonces conoce a Gin, de quien se enamora.

 La pareja escribe sus nombres en un candado que cuelgan de uno de los faroles del puente Milvio, en Roma, y luego arrojan la llave al río Tiber, no sin antes sellar el pacto con un apasionado beso. Eso es lo que cuenta la historia de Federico Moccia Tengo ganas de ti, novela publicada en 2006 que se considera secuela de Tres metros sobre el cielo, ambas llevadas a la pantalla grande, lo que convirtió a su autor en un furor en Europa. Moccia, nacido en 1963, ha sido también director y guionista de cine y televisión. Se dice que ha revivido el género romántico entre los lectores jóvenes y es el responsable de la fiebre de los “candados del amor” que incluso tienen una versión virtual.

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