Enfrentar la aparición de nuevas enfermedades en el país, y contener la llegada de otras que son un riesgo para la salud y la vida de los nacionales es un reto al que periódicamente se enfrenta el sistema de salud pública.
Estos eventos, que ponen en alerta a entidades como el Ministerio de Salud (Minsa), la Caja de Seguro Social (CSS), los hospitales privados y el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges), son una oportunidad de aprendizaje para los funcionarios, dado que brindan el conocimiento y la experiencia necesaria para tomar las decisiones más acertadas en beneficio de la población, aunque algunas veces no sean compartidas por la población.
Un ejemplo de controversia frente a una decisión de este tipo se registró cuando se dio el brote de hantavirus –que hoy tiene 20 años de circular en el país–, una enfermedad emergente que llevó a las autoridades del Minsa, junto a instituciones como el Gorgas, a suspender el Carnaval en la región de Azuero y provincias centrales en el año 2000.
En Panamá, esta patología se manifiesta como el Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH), que se produce por el contagio del virus Choclo, el cual se encuentra en las ratas arroceras Oligoryzomys fulvescens infectadas, las cuales fueron detectadas en las tierras bajas del país. Además de la manifestación más severa de la enfermedad, está la fiebre por hantavirus, que en ocasiones pasa inadvertida por los enfermos.

Hallazgos
El investigador del Icges Blas Armién señaló que a comienzos de la década de 2000 empezaron una investigación de campo, dado que en la provincia de Los Santos había un brote de neumonía de muy rápida evolución hacia la insuficiencia respiratoria aguda, con cuadros de gravedad en personas jóvenes y que, rápidamente, produjo tres decesos.
El hecho llevó a enviar muestras de sangre y tejidos de las víctimas a los Centros de Control de Enfermedades de Atlanta, Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), cuyos resultados llegaron tres días después confirmando la aparición de la enfermedad.
Ante este escenario, las autoridades de Salud de ese momento decidieron suspender los carnavales en el interior del país.
Armién explicó que se trataba de un evento emergente, una enfermedad zoonótica (que puede transmitirse entre animales y seres humanos), una de las primeras del siglo XXI, con poco conocimiento de su impacto; se desconocía si tenía la capacidad de transmitirse de persona a persona, como el virus Andes en Chile y Argentina.
El científico recordó que había mucho que investigar y el Minsa, con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los CDC y profesionales de salud, hizo un esfuerzo para realizar las investigaciones de campo correspondientes para responder preguntas como: ¿cuál era el reservorio? ¿cómo se transmitía el virus? ¿cómo identificar los factores que facilitan la infección? ¿cuál era el número de personas en las comunidades que pudieran estar expuestas sin saberlo? ¿qué nombre se le debía dar al nuevo virus?, entre otros aspectos técnico-científicos y de salud.
Mientras los científicos realizaban las investigaciones correspondientes, las autoridades de Salud capacitaban al personal sanitario en todo el país para tener la capacidad de respuesta ante la enfermedad.
Para Armién, toda esta preparación y adquisición de conocimiento llevó a que, en estos 20 años, el sistema de salud pública haya podido enfrentar con éxito los brotes de hantavirus que se presentan cada cuatro o cinco años.

La comunicación, clave
El ministro de Salud de ese momento, José Terán, expresó que en el país no había registro de casos diagnosticados por hantavirus, pero al tener más de dos casos confirmados se percataron de que estaban ante un brote epidémico, y eso los obligó a tomar las medidas necesarias para salvaguardar la vida de los panameños, por encima de consideraciones como podrían ser las económicas o las festivas.
Terán agregó que con un adecuado plan de comunicación, en el que la prensa nacional tuvo un “valiosísimo” aporte, lograron contener los casos y brindar tratamientos a las personas que lo requerían.
“Divulgamos la decisión con transparencia, dando la cara, en una acción de equipo de gobierno, comenzando con la presidenta Mireya Moscoso, los estamentos de seguridad nacional, los medios de comunicación, los empresarios, incluyendo los hospitales privados”, expresó.
El exministro acotó que de “esa experiencia exitosa de manejo de crisis”, los panameños deben sentirse orgullosos “porque somos el país con el índice más bajo en cuanto a muertes por hantavirus” (ver gráfica).
Una decisión ejemplar
Fernando Gracia, quien era director del Icges cuando se dio el brote de hantavirus, manifestó que la suspensión del Carnaval fue una medida oportuna y correcta, la cual fue adoptada tras reunirse con epidemiólogos y especialistas de departamentos de virología del Gorgas y autoridades del Minsa, y de hacer consultas a los CDC.
Entre las recomendaciones que dio el equipo de Atlanta destacaba evitar aglomeraciones, porque estimaban que si se realizaba el Carnaval donde estaba el foco del virus (Los Santos) podían haber hasta 200 muertos y miles de infectados.
La expresidenta de la República Mireya Moscoso (1999-2004) afirmó que 20 años después de lo ocurrido no se arrepiente de haber suspendido el Carnaval.
Reconoció que fue una decisión difícil, que tomó junto a su Gabinete, pero era necesaria para evitar que el virus se propagara. Moscoso sostuvo que en la reunión de Gabinete se preguntaron qué era más importante: festejar unos días o salvar vidas.

