La junta directiva de la Asamblea Nacional, que preside el diputado del Partido Revolucionario Democrático (PRD), Crispiano Adames, aún no tiene fecha de la comparecencia del contralor general de la República, Gerardo Solís, al pleno legislativo para permitirle a los diputados el cuestionamiento o el contraste de su informe de rendición de cuentas hecho el pasado 4 de enero.
En aquella ocasión, tras el informe de Solís en el que justificó la mayoría de los escándalos de corrupción en el gobierno de Laurentino Cortizo alegando que no hubo perjuicio económico, así como las planillas de los diputados, Adames declaró un receso y anunció que se volvería a citar a Solís. Esto en medio de las fuertes críticas surgidas en las redes sociales desde el mismo momento en que el contralor leía su informe, así como de la queja enérgica del diputado independiente, Juan Diego Vásquez. Fue un “monólogo”, reclamó Vásquez.
La vicepresidenta de la Asamblea, Kayra Harding, quien estuvo ese día en el pleno, fue consultada al respecto, pero remitió al equipo de prensa de la entidad, que comunicó que aún no se tiene una fecha.
“Lo que se acordó es que lo iban a citar nuevamente para que todas las interrogantes que tenían los diputados se la pudieran hacer y él pudiese contestar”, indicó el personal de prensa del órgano Legislativo.
Anette Planells, del Movimiento Independiente por Panamá, expresó que Solís y Adames se comprometieron a responder las preguntas de los diputados independientes en una próxima sesión.
“Aparte de faltar a su palabra, están evadiendo la responsabilidad de rendir cuentas frente a la ciudadanía” dijo Planells.
“Una vergüenza que el Contralor no acepte cuestionamientos de la Asamblea luego de su ensayado discurso de defensa al gobierno. Vino a defender la corrupción, las licencias con sueldo, a PPC, el hospital modular y a aplaudir que le aprobaran la ley para que no lo investiguen”, fueron las palabras del diputado Vásquez luego que el contralor Solís presentara su informe.
En su informe de 34 páginas, Solís dice que la Contraloría ha trabajado de manera silenciosa, como un celador “mirando hacia adelante para construir una cultura de corrección dejando atrás la corrupción”.

