La tarde del 13 de agosto de 1998, Hans Jörg Bosch, alto directivo en Panamá del UBS S.A., subsidiario del Swiss Bank Corporation de Suiza, salió de su oficina al concluir su jornada de trabajo y se dirigió al hotel Radisson, de calle 50.
Bosch había sido invitado a un coctel que ofrecía un grupo de banqueros a los participantes en un congreso internacional sobre lavado de dinero.
El banquero suizo solo estuvo 45 minutos en el hotel, y luego de saludar a colegas y conocidos, se retiró.
En su casa de Altos del Golf lo esperaba su esposa Marie Claire Gavillete, pues esa noche tenían invitados a cenar.
Cuando Bosch ya salía se encontró con su compañero de trabajo Luis Antonio Torreglosa, que se había intoxicado con el caviar. Bosch le propuso ir a buscar a uno de los conductores del banco (que estaba cerca) para que lo llevara al hospital.
Bosch subió luego a sus oficinas, en el piso 10 de la torre World Trade Center.
A eso de las 7:45 de la noche, un grupo de aseadoras bajaba del mismo edificio. Antes de salir por los estacionamientos, una de las mujeres vio a un hombre que las observaba, junto a una camioneta estacionada con el motor encendido. Adentro del vehículo había otras tres personas.
El guardia de seguridad del edificio nunca vio salir al vehículo ni supo quiénes iban allí.
En casa, Marie Claire veía cómo pasaban las horas y Bosch no llegaba. Preocupada, llamó a la secretaria del banquero, que tampoco le pudo dar razón. Entonces llamó a las autoridades.
Su esposo había desaparecido.
SECUESTRO
El 14 de agosto de 1998 un hombre llamó a la Policía Técnica Judicial (PTJ) y dijo al operador de guardia: “tenemos al señor Hans Bosch”. Y pidió un rescate millonario, según consigna un reportaje publicado por este diario el 27 de septiembre de 2004.
El 25 de agosto de 1998, la secretaria de Bosch recibió una llamada y dos faxes con dos mensajes presuntamente de Bosch: uno para su esposa y otro para Bernardo Brunschwiler, alto directivo del banco. Eran mensajes de supervivencia, pero también pedidos desesperados de cooperación con los secuestradores para ayudar a liberarlo y evitar su muerte.
Los ejecutivos del banco contrataron entonces los servicios de la agencia británica de investigaciones privadas Kroll, integrada por expertos antisecuestros.
En las semanas siguientes, los secuestradores enviaron varios mensajes de correo electrónico al banco y fueron bajando la cifra del rescate. De 30 millones de dólares que pidieron en un principio, bajaron a 5 millones de dólares. Pero ya parecían cansados.
Muchos mensajes anónimos aportaron pistas y datos. Se habló del presunto involucramiento del empresario Marc Harris, de secuestradores colombianos, de deudas del banquero, etc.
Pese a todos los mensajes y reportes de llamadas que se adjuntaron al expediente, el 22 de mayo de 2000, el inspector Elmer Acuña envió al entonces subdirector de esa institución, Javier Chérigo, un informe para detener las investigaciones, pues decía que “formalmente, este caso desde su inicio se ha venido tratando como un caso de desaparición de persona y no como secuestro, puesto que es desconocida la existencia de petición de rescate alguno a cambio de la liberación del señor Bosch”.
PISTA EN FALSO
El hallazgo de unos restos óseos, el 19 de marzo de 2001 en Rancho Café, Cerro Azul, provocó que se reanudaran las pesquisas y el caso fue remitido nuevamente a la PTJ para continuar con las averiguaciones. El expediente luego pasó a órdenes de la Fiscalía Segunda Superior.
Ante los pocos resultados, la fiscal segunda superior, Geomara de Jones, ordenó el 30 de enero de 2002 archivar el expediente.
El 7 de junio de 2004, el análisis de los restos hallados determinó que eran los de Bosch. Esto obligó a reabrir el caso.
Al llamar nuevamente a los testigos, surgió la declaración de la aseadora que vio a los desconocidos en aquella fecha en el edificio.
Al hacerse un retrato hablado resultó que uno era escolta del abogado Gilberto Boutin, amigo de Bosch, y con quien este se había visto más temprano el día que desapareció el banquero. El escolta aceptó haber estado allí.
Luego se produjeron una serie de declaraciones contradictorias. El 21 de agosto la Fiscalía Superior Especial dictó órdenes de detención contra Boutin y sus dos escoltas. Para esa fecha, la fiscal Geomara de Jones se había declarado impedida, porque su esposo, el abogado Carlos Jones, era acusador de Boutin en otro caso.
Uno de los escoltas se retractó, alegando que fue presionado por agentes del Ministerio Público para implicar a su jefe Boutin.
El 23 de septiembre, la Corte Suprema de Justicia dictaminó que la detención de Boutin era ilegal, pues no había pruebas suficientes en su contra.
En julio de 2005, el Segundo Tribunal de Justicia liberó de los cargos a los tres acusados (Boutin y los dos guardaespaldas) por la desaparición de Bosch.
Boutin dijo que la noche de la desaparición estaba en un acto en la Universidad de Panamá que, incluso, había sido registrado por los medios de comunicación. Alegó que su detención se había debido a una “persecución” en su contra.
Ese mismo mes, la fiscal especial de Suiza, Cornelia Cova, informó que tres pruebas de ADN hechas en ese país habían descartado de forma categórica que la osamenta hallada en Cerro Azul pertenecía al banquero.
Esto puso patas arriba todo lo investigado hasta ese momento y dejó una estela de interrogantes en el aire.
Para 2007, las preguntas seguían sin respuestas y el caso no había avanzado.
MUERTE LEGAL
Sin embargo, el 8 de septiembre de 2008 se produjo un hecho insólito: Hans Jörg Bosch fue declarado legalmente “muerto”.
En esa fecha, el Juzgado Tercero de Circuito de lo Civil, bajo la autoridad de la jueza Ana Zita Rowe López, declaró “la muerte presuntiva de Hans Jörg Bosch, ciudadano de Suiza, nacido el 9 de diciembre de 1946, banquero, con cédula de identidad personal panameña No. E-8-64486, y fija como fecha presuntiva de su muerte el día 13 de agosto de 1998”, es decir, el mismo día de su desaparición.
“A la fecha han transcurrido diez (10) años desde su desaparición, término que excede el señalado por el artículo 57 del código citado, que establece el plazo de cinco (5) años desde la desaparición del ausente, para declarar la presunción de muerte del ausente”, fundamenta el texto del fallo.
En agosto de 2011, hace menos de un año, el Órgano Judicial terminó de sellar el caso: el Segundo Tribunal Superior de Justicia ordenó archivar el expediente.
En 2012 se cumplen 14 años desde aquella noche en que el banquero suizo no llegó a cenar. Y a la fecha, nadie sabe (vivo o muerto) dónde está.
El banco UBS S.A., para el que por años trabajó Hans Jörg Bosch, cerró operaciones en Panamá en junio de 2002, luego de un proceso de liquidación voluntaria. A partir de allí se constituyó la sociedad anónima panameña UBS Asesores S.A. Un informe de la época de la Unidad de Análisis Financiero reveló pérdidas en los negocios de Bosch, desde 1994 a 1997.
Incluso, la cuenta bancaria de la sociedad Blue Lines S.A., encargada de la distribución de lubricantes, reportó 41 centavos como su último depósito el 30 de julio de 1998. Y la sociedad La Pulida S.A., que administraba una gasolinera y un restaurante en Monte Oscuro, registró un depósito de 20 dólares el día que desapareció Bosch. Fritz Christen, exliquidador de UBS, manifestó a la fiscalía que los videos de seguridad del banco, para la fecha del secuestro de Bosch, habían desaparecido.
