El presidente estadounidense, Joe Biden, viajó ayer a Georgia para avanzar en una de sus promesas clave: proteger el acceso al voto de los afroestadounidenses, que considera amenazado por los estados conservadores del sur.
“Este es un momento crucial”, dijo a periodistas al partir de la Casa Blanca, asegurando que “la historia juzgaría” a los legisladores de su país.
El presidente, debilitado por bajos índices de aprobación, decidió arriesgarse a aprobar a la fuerza una vasta reforma electoral hasta ahora bloqueada por los republicanos en el Senado, según indicó la Casa Blanca, que busca reforzar el voto de las minorías.
“No vacilaré. Defenderé vuestro derecho al voto y nuestra democracia contra los enemigos de dentro y de fuera”, dirá el presidente demócrata, según un fragmento del discurso que pronunciaría en Atlanta.
Biden impulsará la aprobación de dos leyes que conforman la reforma electoral, ambas ya aprobadas en la Cámara de Representantes.
El presidente inició su visita a Atlanta con un encuentro con los hijos de Martin Luther King, antes de visitar la tumba del héroe afroestadounidense. Luego, junto a la vicepresidenta Kamala Harris, fue a la iglesia donde fue asesinado King en 1968.
Biden, elegido con el apoyo de figuras de la comunidad negra, prometió completar las luchas del ícono de la movilización no violenta.
“Su visita no debe ser una mera formalidad”, indicó en Twitter Martin Luther King III, hijo del pastor bautista.
La prensa también notó la ausencia de Stacey Abrams, candidata demócrata para la gobernación de Georgia, y una de las voces más poderosas de la participación electoral de afroamericanos, ausencia que se debió a un “conflicto de agendas”, según la Casa Blanca.

