En su primer discurso ante el Congreso, Joe Biden pidió a los legisladores que piensen en grande. Pero sus colosales planes de inversión aún tienen que superar el obstáculo de un parlamento dividido que pone a prueba sus autoproclamadas habilidades de negociación.
“Estados Unidos está avanzando nuevamente. ¡Y no podemos detenernos! [...] Inversiones en empleos e infraestructura como las que estamos considerando a menudo se han beneficiado del apoyo” de ambos partidos. “Así que pongámonos a trabajar”, dijo ante los legisladores reunidos en Capitol Hill la noche del miércoles.
Y mientras superaba ayer el hito simbólico de los 100 primeros días en el poder, su visión de una amplia cooperación bipartidista parece muy, muy lejana.
Aunque en marzo logró la aprobación de un vasto plan para apoyar a la economía, golpeada por la pandemia, sus otros dos proyectos de inversión –de infraestructura “para trabajos” y otro “para familias”–, no tienen asegurado el mismo destino.
Biden puede contar con mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado, pero sus márgenes son tan estrechos, especialmente en la cámara alta, que una sola deserción pondría en peligro sus planes.

