Mañana, a las 5:00 p.m., vence el plazo que ha dado el Gobierno a Minera Panamá, para que responda sobre la propuesta que ha presentado, en cuanto a tasa de ISR y regalías. Esta última, sin duda, son de las cosas que más atraen la atención ciudadana y, al respecto, hay algo muy importante que debemos entender: aunque pareciera que se produce un aumento en línea recta, de 2% a 16%, en realidad se cambiaría la base del cálculo, de ingresos brutos a ganancia bruta y, como dijo una vez un filósofo panameño-barranquillero, “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. Y ello significa que el monto final de las regalías dependerá del impacto de los costos de producción.
NO es necesariamente malo trabajar con una regalía sobre la ganancia bruta. Estamos de acuerdo. Esta fórmula es más distributiva, ya que reconoce proporcionalmente a cada una de las partes los efectos de las alzas y bajas en los precios de venta y costos. Para una mejor referencia, sin embargo, habría sido bueno que se informara cuál es el margen bruto actual de la minera. Si este es mayor a 12.5%, el nuevo concepto de regalías podría implicar la posibilidad de mayores ingresos que la fórmula vigente.
EL “ultimátum” da la impresión de que el Gobierno -finalmente- está dispuesto a sacar ventaja del hecho de que si la Corte declaró que esa concesión es inconstitucional, no tiene la obligación de “renegociar” un contrato que ahora mismo sería inexistente. O quizá ya sabe que la minera aceptará sus condiciones. Ojalá sea cualquiera de esas dos y no una muestra de exceso de confianza en sí mismo, que lleve después a nuestras autoridades a “mostrar el cobre” conviniendo regalías e impuestos más bajos.
EN todo caso, si se logra un acuerdo en esos términos, o algo similar, el país podría salir ganando. No sólo en cuanto a los ingresos por regalías; también se equipararía a la empresa con el resto de las actividades económicas en relación con el ISR. La minera tal vez disminuya su rentabilidad, pero recuperaría respeto de parte de la ciudadanía.
PERO, para saber si al final del cuento, todos viviremos felices para siempre, hay que poner su final por escrito, ¿o no? Si el nuevo acuerdo otorgaría la concesión por los próximos 25 años, ¿se ha previsto allí algún plan para que, en 2047, cuando la empresa se retire de la zona, cierre la mina a cielo abierto en una forma ambientalmente eficaz? El país ya tropezó una vez con esa piedra, con la descontaminación de los campos de tiro en las áreas revertidas, y sería el colmo que terminemos heredando otro problema tan grave, pero previsible.
SIN embargo, nos quedamos con la siguiente inquietud: ¿por qué no hubo igual voluntad para renegociar el contrato con PPC? Los privilegios de ésta concesionaria son comparables, incluso peores, dado que el puerto renta a terceros parte de los terrenos de su concesión, y con eso cubre con creces lo que paga al Estado en alquiler. Así de simple.

