Si usted todavía no sale de su asombro por la reunión de los diputados del PRD en el Jimmy’s, prepárese, porque ahora Pedro Miguel González ha dicho que, aunque el partido pagará la multa “con donaciones privadas”, no había pie para ninguna sanción por parte del Minsa, porque los diputados están “exentos” de cumplir los decretos sanitarios. Solo le faltó decir que si paga la sanción, es para pasar página y así evitar un enfrentamiento público con el Ejecutivo o simplemente para encubrir la cuestionable actuación de las tres ministras que -reconvertidas en dirigentes del CEN del PRD- firmaron el acta del partido que convocó -precisamente- a la ahora cuestionada reunión. Lo bueno de este asunto es que ahora sabemos que Jimmy’s es uno de los proveedores favoritos de la Asamblea. Actualmente tiene un contrato de $49 mil, para servir boquitas y alimentos al pleno y las comisiones legislativas, de enero a junio de 2020. No es el único: también hay contratos con Delicias Betzabé, Nikos Café y el servicio de catering Panama Food Factory. En total, son $286 mil con diferentes proveedores, solo en los seis primeros meses de este año. Increíble: esta gente gana $7 mil al mes (por lo menos…) y maneja planillas millonarias, pero aún así, hay que comprarles hasta la empanada.
UNA VÍCTIMA desapercibida de la Covid-19 es la memoria histórica. Ayer, se cumplió el tercer aniversario de la primera audiencia de extradición en la que Ricardo Martinelli Berrocal compareció ante el juez federal Edwin Torres, tras haber sido detenido 8 días antes, en su lujosa residencia (que después, en el periodo electoral, desconoció) de Coral Gables. Esos eran los tiempos en que Martinelli alababa a la justicia estadounidense y renegaba de la panameña. Todos sabemos que terminó diciendo exactamente lo contrario de cada una, según los resultados que obtuvo en su momento. El país vio con atención cómo el hombre que se había caracterizado por un ejercicio autocrático y agresivo del poder, allá se proyectaba como la víctima de una persecución con propósitos electorales. Atrás habían quedado aquellos días en que, fuera del alcance del brazo de la ley criolla, festejaba en Novecento o dormía plácidamente en los sillones de los pasillos de centros comerciales en Miami. Pero hay cosas positivas, dignas de destacar, en ese proceso. Y una de ellas fue el fallo de 93 páginas, dictado por el juez Edwin Torres, una pieza que ya debía estar incorporada en los programas de derecho procesal de las universidades panameñas. En ese documento, el juez Torres expuso que había “motivos razonables para suponer” que Martinelli “pudo haber cometido los delitos imputados, dadas todas las pruebas presentadas”. “Después de considerar cabalmente los argumentos presentados en relación con la orden de detención panameña y el proceso de imputación, encontramos que las afirmaciones de Martinelli no son convincentes”, remarcó el juez. Por ningún lado se leyó la expresión: “no culpable”.
