En los últimos seis años, hemos escuchado a Ricardo Martinelli hablar de persecuciones políticas y casos chimbos, pero qué diferentes eran aquellos días en que era el mandamás de palacio... Esos eran los días de sacar la ñecks. Decía “yo sí soy hombre; péguenme a mí”, pero ahora no le pueden pegar ni un resfriado, porque -en cuanto haya movimiento en alguna fiscalía- queda en la camilla de un hospital. Y aunque en los últimos tiempos también le oímos repetir que no tiene “un f… real”, eso no es lo que recuerda André Rabello, el exintendente de Odebrecht en Panamá y ahora colaborador eficaz del Ministerio Público. Rabello habrá tenido muy malos hábitos, pero muy buena memoria. Al Ministerio Público le contó, por ejemplo, que Martinelli “siempre cobraba y presionaba a los órganos responsables por las obras para que ningún problema retrasase la conclusión de los proyectos”. A los retoños los identificó como “intermediarios en la resolución de problemas de pago y agilización de obras con Odebrecht, usando la credencial de ser hijos del primer mandatario de la República”. Como “intermediarios”, los hijos debían reportar a papi todas las “trabas” que se le presentaban a la compañía, “para que solucionaran los problemas”. Los hechos hablan por sí solo… Al menos Rabello enfrentó su proceso. En cuanto a Martinelli, como casi todo lo que lo rodea, está por verse…
A PESAR de que la investigación Lava Jato comenzó unos meses antes de que Juan Carlos Varela llegara al poder, eso no fue obstáculo para que consolidara su amistad con Rabello… Según las conversaciones filtradas a través de los Varelaleaks, el expresidente le habría dicho a Jaime Lasso, en un intento por tranquilizarlo ante los crecientes señalamientos que apuntaban hacia ellos, que no había por qué preocuparse, porque ya “AR” (siglas que corresponderían a André Rabello) había aclarado -presuntamente en su delación- que los $10 millones que Odebrecht entregó a Lasso “fue por lobby por acceso al partido”. Varela también acordó los términos de la versión de Lasso con la entonces procuradora Kenia Porcell, quien incluso llegó a plantear sobre la conveniencia o no de que Lasso diera explicaciones públicamente. A nadie debe extrañar entonces que mientras el escándalo de la constructora brasileña adquiría ribetes internacionales, Varela les hubiera adjudicado la segunda línea del metro y el desastre urbano de Colón. Por casualidad, ¿la fiscalía le irá a preguntar si sabe a quién apodaban como Cachaza en el sistema Drousys?
ZULAY RODRÍGUEZ pidió -en un nuevo rol de víctima- una audiencia por supuesta violación de una orden de protección y porque el Ministerio Público no le había solicitado al Imelcf que le practicara -a ella- exámenes psicológicos, que le fueron ordenados por el juez. Sí, no leyeron mal... Hay un juez que ordenó que le practiquen exámenes psicológicos a Rodríguez. Lástima que, cuando lo hagan, el informe forense vaya a formar parte del proceso, porque habría mucha gente interesada en conocer su contenido. Dato curioso: ella estaba representada por Carlos Carrillo, que por coincidencia es el abogado de alguien que se hace llamar a sí mismo el loco.
