Finalmente, pasó lo que tenía que pasar. Detuvieron a los retoños cuando aquí los anuncios de su llegada sonaban más que las piedras que trae el río. Si en Estados Unidos, sin mucho esfuerzo, deben haber conocido cada uno de sus movimientos, entonces, ¿dónde está lo interesante de esta historia? En que podría deducirse que, si desde diciembre de 2016, el Departamento de Justicia estadounidense tenía todos los detalles de aquellas actividades por las que ahora los acusan, el tramo que faltaba por recorrer no se refiere a ellos, sino al “funcionario de altísimo rango del gobierno de Panamá”, que es “familiar cercano” de ellos. Es decir, durante tres años y medio, han estado siguiendo rastros de dinero y localizando evidencia que sirva para llamar ante la justicia a quien realmente les interesa tener allí. Y esta historia, inédita de por sí, tiene varios capítulos inimaginables. Primero, porque parece que esgrimir inmunidades del Parlacen ante las autoridades se ha convertido en una prerrogativa de carácter familiar, que ya han intentado el padre, los hijos y un primo muy recordado en México. Segundo, porque a la sazón, todos ellos han sido huéspedes de sistemas penitenciarios en distintos países; cada uno, en más de un país. Tercero, porque entre los expresidentes salpicados después de que Odebrecht apuntó hacia el abanico, ha habido desde muertos hasta aquellos aparentemente impunes, pero ninguno parece haber acaparado tanta atención de las autoridades judiciales estadounidenses, algo curiosamente irónico si tenemos en cuenta que la semana pasada alguien pregonaba que cualquier medida adoptada contra él, le hacía daño a la imagen del país y espantaría a posibles inversionistas. Después nos indignamos cuando Netflix lanza alguna película que pinta cosas como esta.
VOLVIENDO A los hermanos, aunque parecen muy unidos, los separa una amplia brecha nobiliaria. Mientras uno se hizo conocer como el “príncipe de Panamá”, al otro no le quedará más que esforzarse para que ahora le llamen “diputado”. Independientemente de que alguno de estos títulos pueda ser más o menos ficticio que el otro, ¿servirán para sacarle la lengua a una solicitud de extradición? Bueno, después de presenciar la audiencia de su alteza el pasado viernes, si su mejor carta es la “inmunidad”, eso podría ser un indicio de falta de mejores argumentos. Sin embargo, con la experiencia comprobada que tiene la familia en asuntos de extradición, seguramente ya habrán considerado la posible conveniencia de evitar el ejercicio masoquista en que podría convertirse un proceso como este y, en lugar de atravesarlo, entregarse a la justicia del país que los reclama.
PARA COMPRENDER la “inmunidad” que otorga el Parlacen, es bueno ver el artículo 19 de su reglamento interno, que dice que los “diputados centroamericanos titulares y suplentes que asuman tal calidad, deben ser juramentados luego de haber obtenido dictamen favorable por parte de la comisión extraordinaria de credenciales”, y que tal juramentación debe ser hecha por el presidente del Parlacen, en la siguiente sesión de la asamblea plenaria. Eso, como sabemos, no ha sucedido. Pero el mismo artículo agrega que, excepcionalmente, “la juramentación de los diputados suplentes puede ser realizada por los integrantes de junta directiva del Estado respectivo, en sesión de bancada nacional”, cosa de la que tampoco hay recuento. Si sumamos todo esto al hecho de que el artículo 20 de ese reglamento señala expresamente que el presidente del Parlacen entregará la identificación diplomática a los diputados suplentes “luego de haber tomado posesión”, suena como que no solamente no han adquirido los derechos inherentes al cargo, sino que no habría justificación para que sean portadores de una identificación diplomática otorgada por ese organismo. Para agregar cosas extrañas a todo lo que sucede a estos “diputados”, todavía no aparecen fotos de ellos en la galería de imágenes del Parlacen… Ni de antes ni de después de su detención.
