El pasado viernes, se conoció que el Tribunal Quinto de Sentencia Penal de Guatemala había ordenado el inicio del proceso de extradición de Luis Enrique a Estados Unidos. Sin embargo, esa decisión fue adoptada el 24 de julio. Eso explica por qué, a pesar de que últimamente disminuyó el sofoco por la inútil juramentación de estos caballeros como diputados suplentes del Parlacen, en esos días molestaron tanto con aquel asunto, que hasta la intervención del Ejecutivo panameño llegaron a pedir en nombre de ellos. Y es que, a pesar de todo el crédito que traten de quitarle a las razones que las autoridades estadounidenses tengan para solicitarlos en extradición, en el fondo sí se lo toman muy en serio; de lo contrario, no se esforzarían tanto por escapar del alcance del brazo de la justicia de aquel país. Y las pruebas de que le creen a Estados Unidos, no son recientes. En abril de 2014, Luis Enrique, en su cuenta de Twitter, publicaba mensajes en los que, con la etiqueta #VarelaGate, citaba al exdirector regional de la DEA, Larry Holifield, con las siguientes declaraciones: “nunca ha habido tanta documentación vinculando a una persona tan importante de un país”. Otro de sus mensajes se refería a la “pérdida de apoyo de los empresaurios del voto inútil”, como un mal presagio para los involucrados en el #VarelaGate, agregando que “no era tan invento nada, DEA, FBI”. En otra ocasión, en un altercado digital con la cuenta del Chino Ken -que abiertamente respaldaba a Varela- le advirtió que algunos de sus “amiguitos” se iban a quedar “sin poder ir donde Mickey Mouse”. Esta credibilidad selectiva parece que tiene como criterio el objetivo de las acciones de Estados Unidos. Si están dirigidas contra alguien del entourage de Ricardo Martinelli, son parte de campañas promovidas por políticos que no gustan de ellos y que tienen el poder para que la mayor potencia económica del planeta, los ataque. Pero si son medidas contra adversarios de ese clan, entonces son dignas de ser citadas como advertencias de lo que la justicia estadounidense es capaz de hacer. A eso le llaman, en el idioma de los que emitieron la solicitud de extradición, double standard.
AUNQUE MUCHA gente cree que Odebrecht es sinónimo de sobornos a funcionarios y corrupción en contrataciones públicas, hay quienes todavía los premian. Dos proyectos de la constructora -la revocación urbana de Colón y la línea 2 del Metro, ambos adjudicados en pleno escándalo Lava Jato- fueron galardonados por la revista Engineering News-Record (ENR). No es la primera vez que la publicación los homenajea. En 2014, los premió por la renovación urbana de Curundú; en el 2015, por la cinta costera 3 (aquel tramo marino espantoso que casi le cuesta al Casco su categoría de patrimonio de la humanidad), y en 2019, por la terminal 2 de Tocumen, que todavía no se puede usar. Al comité que otorga todos estos premios hay que ponerle un oficial de cumplimiento, porque aparentemente ignoran las categorías en las que esta compañía es una verdadera campeona mundial.

