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Brunch dominical

Brunch dominical

El 22 de enero pasado, el director de la Caja de Seguro Social (CSS), Enrique Lau, anunció con bombos y platillos la instalación de un comité asesor ad honorem, que haría recomendaciones sobre la situación actual de dicha entidad. Sus integrantes, todos con amplia trayectoria, no son ningunos desconocidos. Allí están Nicolás Ardito Barletta, Alberto Alemán Zubieta, José Barrios, José Chen Barría, Luisa Turolla, Felipe Chapman, Felipe Argote, Roberto Brenes, Marianela Morales, Dino Mon, Eddy Pinilla… Sin embargo, poco duró el glamour de aquella conformación, ya que algunos de sus miembros revelaron después que ni siquiera habían sido consultados para formar parte de ese comité. Ahora, tras más de ocho meses de su presunta creación, no se han reunido ni siquiera por Zoom. Cuántas iniciativas mueren en su cuna, aún aquellas que parece que tienen sentido… Lo que no tiene justificación lógica es que el jefe de una institución del Estado se tome el trabajo de presentar al país lo que para efectos prácticos habría sido un dream team o think tank, para luego ignorarlos. ¿Cuál era el verdadero objetivo de Lau? ¿Darle apariencia de legitimidad a actos como la contratación de $168 millones para el almacenamiento y distribución de las medicinas? ¿Hacerle creer a la población que todavía hay ciudadanos probos dando fe de la honestidad en el manejo que la CSS hace de los recursos que pertenecen a los asegurados? Apenas ha transcurrido el primero de los cinco años de Lau como director, y la Caja está atravesando una de las situaciones más desafiantes en toda su existencia. Lástima que este comité no estuviese conformado mucho antes, para así atender -por ejemplo- las advertencias de la Oficina de Naciones Unidas de Servicios para Proyectos y de la Dirección de Infraestructura y Servicios de Apoyo de la CSS, sobre la construcción y equipamiento de la Ciudad de la Salud. Lau todavía está a tiempo de escuchar a estos profesionales, para procurar transparentar la gestión de la CSS y hacerla más eficiente. Porque hasta la presunción de inocencia tiene límites.

EL NOMBRE de Omar Torrijos ya lo lleva una avenida, un corregimiento, un distrito, un hospital de especialidades pediátricas, un parque y varios estadios y canchas deportivas. Eso no parece ser suficiente para los diputados de la bancada del PRD. Como si en este país no hubiesen materias más importante sobre las que legislar. El año pasado, Kayra Harding presentó una propuesta para rebautizar el aeropuerto de Tocumen, y ahora Marcos Castillero trae un anteproyecto de ley para que el tercer juego de esclusas lleve el nombre de Torrijos y del expresidente estadounidense Jimmy Carter. Ya Laurentino Cortizo respaldó la iniciativa y dijo estar dispuesto a sancionarla. Esto es lo único que faltaba… Al fin y al cabo, ya hay una esclusa que se llama Pedro Miguel. Todavía quedan otras instalaciones por ahí. Ojalá no reserven una para Benicio y otra para Crispi.


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