La internet tiene varias zonas. Una es la que todos conocemos, donde pasan cosas buenas y malas. Pero descendiendo a través de sus capas, se llega a un área mucho menos visitada: la red oscura o dark web, donde sucede lo peor que el ser humano es capaz de llevar al ciberespacio. La Asamblea Nacional no se queda atrás. En su pleno, como lo conocemos, a veces pasan leyes buenas y otras no; pero hay una especie de sótano legislativo en el que sus actores protagonizan las más patéticas y terribles historias de ese órgano del Estado.
COMO RECORDARÁN, el 21 de abril pasado, en un confuso incidente ocurrido en una reunión de diputados oficialistas en la oficina de la presidencia de la Asamblea, el diputado Jairo Bolota Salazar agredió verbal y físicamente a la diputada Kayra Harding. La víctima, en respuesta, presentó querellas contra Salazar por la presunta comisión del delito de violencia de género y el agresor, cuando vio que la cosa se ponía seria, primero quiso excusarse diciendo que “cualquiera de nosotros puede volverse eufórico… levantar nuestra voz, inclusive chocarnos y manotearnos”, pero al poco tiempo le volvió la euforia y denunció a la diputada agredida. Harding presentó entonces un proyecto de ley -el número 394- sobre violencia contra la mujer en la vida política -algo perfectamente comprensible, después del botellazo que le metió el otro- y no lo hizo sola; el día que presentó la propuesta legislativa, otras colegas de varios partidos, en lo que debía ser una genuina muestra de respaldo, se anotaron como proponentes: Génesis Arjona, Corina Cano, Marilyn Vallarino, Yanibel Ábrego… y así, hasta llegar a Zulay Rodríguez. En total, se sumaron 10. El proyecto fue aprobado en primer debate en la Comisión de la Mujer, la Niñez, la Juventud y la Familia, donde Rodríguez y Harding son la presidenta y vicepresidente, respectivamente, y -aparentemente- las dos han aparcado cualquier diferencia entre ellas. El pasado lunes, antes de que la iniciativa fuera discutida en el pleno en segundo debate, Rodríguez, en un ejercicio de pésimo gusto, dedicó largos y “eufóricos” minutos a denigrar a la periodista Flor Mizrachi y al economista Roberto Brenes, con expresiones que aquí no vamos a repetir. Bueno, no es que se espere algo mejor de ella, pero resulta que la abogada de Bolota es nada menos que Zulay Rodríguez. Quién la entiende... Primero, defiende a Bolota en un caso de violenta agresión política contra una mujer; luego, apoya el proyecto contra la violencia política, y esta semana, después de insultar a Mizrachi y Brenes, la termina en un acalorado intercambio de epítetos con Crispiano Adames. Sí señores, no se sabe a qué juego está jugando, pero sí cómo va el marcador: la violencia va ganando.
