COLUMNA

Brunch dominical

Sería justo decir que Ricardo Martinelli es el personaje de las mil caras. Un día dice que no tiene un “fu.. real” o tarjeta de crédito, y después se le ve gritando a los cuatro vientos que es el empleador más grande de Panamá. En los cinco años de su presidencia, en los que acumuló todos los presuntos delitos por los que ahora es cuestionado, no le daba ni un resfriado. Pero si lo citan a un despacho, súbitamente aflora su tan conocida alergia crónica al sistema de justicia, con enfermedades que han sido copiosamente señaladas por él, su dulcinea y su escudero. El repertorio de estos “achaques”, como él mismo los llamó alguna vez, con velado sarcasmo, ha abarcado glaucoma, ansiedad, hipertensión, astigmatismo, constipación e, incluso, un inexistente cáncer de próstata. Hasta dijeron haber llamado a un sacerdote para que le diera la extremaunción. Con un panorama de salud tan tétrico, tendría que haber pasado más tiempo en el hospital que su amigo Luis Cucalón.

TODO ESTO, en realidad, ya lo sabemos, porque es parte de una historia que ya se escribió. O al menos eso creíamos hasta hace dos días. Porque ahora que el Tribunal de Apelaciones declaró nula la sentencia de “no culpable”, habrá una repetición del juicio por los espionajes políticos que se realizaron desde el Consejo de Seguridad Nacional, entre los años 2012 y 2014. Debemos esperar la siguiente temporada de este General Hospital, que -como la famosa serie de televisión- parece no tener fin. Para colmo, ahora existe la Covid-19. Así que ya vendrá la discusión de si se puso o no la mascarilla, si lo van a vacunar, si le salió salpullido, si se contagió o si se resiste a hacerse el hisopado antes de entrar a la sala de audiencias. Y pobres de los custodios que se le acerquen, porque si les tose en la cara, es a ellos a los que van a encerrar por 14 días y él muerto de la risa por ahí, en francachelas con Durán y Barceló, en el jacuzzi, en cafetines con su alter ego, en La Morena y en los conciertos en la nueva sede de RM. ¡Ah!, pero allí no le duele ni una muela ni hay nadie que le exija el cumplimiento de medidas de bioseguridad. Y mucho menos quien lo multe por faltar a ellas.

OTRA PARTE de la historia que no sabemos si se reescribirá o si, como toda secuela, cambiará de protagonista, son las protestas de su amado tormento fuera de la sala de audiencias. ¿Quién recitará ahora a los medios de comunicación toda la cuadrícula médica del expresidente? Y, como está inscribiendo un partido político, ¿irá también a decir que quiere que lo juzgue el Tribunal Electoral? A propósito, Martinelli viene amenazando con ir mañana al TE. Parece que, a final de cuentas, el nuevo partido de su propiedad le dará lo más cercano a una inmunidad de rebaño. Pero no contra el coronavirus, sino contra mandatos judiciales. Y como parte del show, he aquí lo que escribió en su cuenta en Twitter, al conocer la decisión del Tribunal de Apelaciones: “Hoy entendí que seré presidente de Panamá en el 2024”. Eso, si gana la elección y si no lo condenan y lo inhabilitan, porque en ese momento, ¿a quién le echará la culpa? Antes era a “Tortugón”… y ahora, a “Pillín”. Una vez más, anda de extremo a extremo.

Edición Impresa