Gracias a Dios es viernes. Ese fue el título de uno de los mayores hits cinematográficos de la década de 1970. Y probablemente es lo que anteayer exclamó Eduardo Ulloa, en su último día hábil al frente del Ministerio Público, en lo que habría podido ser un mal capítulo de una serie de telerrealidad. Ese día, un reportero gráfico de La Prensa lo esperó fuera de su oficina hasta las 6:00 p.m., pero Ulloa, como si fuera un miembro de la nobleza vacacionando en la Costa Azul, se mantuvo prácticamente de incógnito aunque, en verdad, él ni siquiera atendía llamadas de este periódico desde hace tiempo. El viernes tampoco fueron avistados los fiscales ni el procurador suplente Javier Caraballo, así que se puede colegir que no hubo despedidas, ni transición ni entrega de despacho. Mucho menos habrá explicaciones de las verdaderas causas de su salida. Si como procurador no se dignó a decirnos por qué renunció, ahora, como ciudadano de a pie, menos lo hará.
A FINALES de 2019, en los tiempos en que el país buscaba el reemplazo de Kenia Porcell, el presidente Cortizo dijo que quería un procurador con integridad, independencia, temple, liderazgo, capacidad de trabajo en equipo y profundo conocimiento del derecho. Para alcanzar tan alta meta, el Ministerio de la Presidencia contrató en noviembre de 2019, por casi $38 mil, a los cazatalentos Transiciones, S.A. En realidad, la empresa cobró esa suma por buscar un nuevo procurador y un director para el Benemérito Cuerpo de Bomberos, así que, proporcionalmente, habrá sido $19 mil por la selección de cada uno de ellos. Un servicio semejante rendido por la misma empresa había servido antes de sustento al Ejecutivo para las designaciones de Maribel Cornejo, María Eugenia López Arias y Carlos Vásquez como magistrados, y de sus suplentes. La escogencia de Ulloa como procurador fue producto de un proceso de evaluación psicométrica de cinco aspirantes. En ella se debió ponderar variables como las destrezas, las aptitudes para el cargo y el perfil curricular, entre otros aspectos. ¿Por qué alguien que atravesó con éxito un escrutinio como ese, sale 14 meses después con que se va porque necesita tiempo de familia, porque está cansado del “juzgamiento mediático” y porque el servicio público es una labor “ingrata e incomprendida”? La incongruencia del aparente rigor de selección con estas pueriles justificaciones, solo dan espacio a las más terribles especulaciones.
ADEMÁS, EL 2 de enero de 2020, al tomar posesión, Ulloa aseguró no responder a ningún interés político y económico y que si alguien llegara a obstaculizar su trabajo, se lo haría saber a la ciudadanía. ¿Recuerdan haberlo escuchado señalar a quienes lo “obstaculizaron”? Parece que no. Será recordado, si acaso, por expulsar a Zuleyka Moore de la Fiscalía Especial Anticorrupción y por buscarse un asesor abiertamente martinellinista, con la excusa de que aquel había sido su compañero en el Fer-29 y tiene derecho a trabajar. ¿Cómo fue que trabajó más de 10 años como fiscal, entre 1997 y 2008 (bajo las órdenes de José Antonio Sosa y Ana Matilde Gómez), y no sabía que tendría que lidiar con el escrutinio público y con un sistema “incapaz de dar solución”? A propósito de eso, tampoco se le vio por la Asamblea proponiendo ley alguna para lograr “la transformación del sistema de tal manera que el mismo responda al clamor de justicia de nuestra sociedad”, como invocó en su carta de renuncia a Cortizo. Hace un año decía que el Ministerio Publico era un “paciente en reanimación” y que investigaría “caiga quien caiga”. Al final, el que se cayó fue él.
Comunicado a la Nación. pic.twitter.com/UNNyAtpb7O
— Ministerio Público (@PGN_PANAMA) February 24, 2021

