El ejemplo clásico de la telenovela de temas médicos es General Hospital, al aire en Estados Unidos desde 1963 y aún no acaba. Pero, si queremos talento local, Panamá tiene un culebrón médico de nunca acabar. No vamos a referirnos aquí a las habilidades histriónicas de su protagonista, porque cuando fue presidente cada uno pudo hacerse su propia opinión, pero no hay duda de que su guión es pródigo en patologías, no importa qué tan disparatadas, burdas, simultáneas y poco probables puedan parecer.
EL PRÓXIMO miércoles, la nueva temporada de este thriller nos traerá el resultado de la última evaluación practicada por el Imelcf a Martinelli. Seguro que el Imelcf no ha atendido a nadie tantas veces, como lo ha hecho con Martinelli,en un mismo caso. Y eso que, cuando se haga el recuento de lo que haya presentado en otros procesos, como el de Odebrecht, habrá que producir un spin off de esta serie.
CUANDO ESTADOS Unidos extraditó a Martinelli, hace tres años, giró una nota diplomática a Panamá, en la que describía parte de su condición: ansiedad, glaucoma, hipertensión ocular, presbicia, astigmatismo e hipertensión esencial; también se refirieron a una enfermedad cardiaca y constipación, ambas “inespecíficas”. No se mencionó allí al cáncer de próstata que días después Martinelli, en su primera vez ante el juez de garantías, el entonces magistrado Jerónimo Mejía, dijo que “probablemente” padecía y, en una semana, como suele pasar, él ignoraba quién había “inventado” lo del cáncer. La negación de la paternidad carcinogénica casi le arranca lágrimas de rabia a los querellantes y a Harry Díaz, entonces fiscal de la causa, ya que cuando el expresidente estaba hospedado en el Centro de Detenciones Federales de Miami, sus abogados pidieron que “por razones humanitarias” lo visitaran, porque la enfermedad era “terminal”. Todo un invento literario. Por cierto, durante los 364 días que estuvo detenido allá, nunca fue recluido en un hospital. Pero el día que llegó a Panamá, tuvo que ser internado en la sala de cuidados intensivos del Santo Tomás, esa misma noche.
AUNQUE HA reclamado toda clase de dolencias y patologías, la práctica de sus exámenes forenses fue todo un desafío porque, cuando era llevado al Santo Tomás, se negaba a ser tratado en ausencia de sus abogados y varias veces no quiso tomar su medicamento para la presión. En otra ocasión, sus abogados gestionaron que se le practicaran varios estudios ambulatorios en el Hospital Nacional. Una vez allí, se negó a realizarse los exámenes. Cuando las autoridades penitenciarias se enteraron de que se preparaba para una estancia que coincidiría con las fiestas de nNavidad y Año Nuevo, coordinaron su traslado al Santo Tomás, donde se le practicaron los exámenes de una vez y, ese mismo día, regresó a El Renacer.
MARTINELLI SALIÓ de la cárcel el 12 de junio de 2019 y, como por arte de magia, su salud “mejoró”. Lo vimos con los mariachis, en el jacuzzi, con Barceló, con Bolota, en la lancha, en la hamaca, en el columpio, en La Morena… Solo le faltó aparecer en el avión cautelado en Guatemala. Pero, tan pronto escuchó la palabra “juicio”, regresaron los achaques. Un verdadero acto humanitario, por su propia salud, sería su entrega a Estados Unidos. En ese país nunca padece de nada; es mejor enviarlo allá, antes que le dé algo.


