La mesa técnica instalada para repasar las modificaciones al proyecto de reformas electorales cumplió su primera semana de sesiones, en medio de un escepticismo de la población en cuanto a lo que pasará cuando los diputados de la Comisión de Gobierno regresen a la Asamblea. Será allí que nos daremos cuenta si hay una doble agenda: si el propósito era que los magistrados del Tribunal Electoral (TE) dijeran todo lo que tienen que decir para que luego los diputados hagan exactamente lo que tenían pensado desde el principio, o si van a honrar en el pleno todo lo acordado. Como la mesa carece de formalidad vinculante, su valor depende de la voluntad de las partes. En ese contexto, es interesante destacar el comportamiento de Benicio Robinson, uno de los promotores de la deformación de las reformas originalmente presentadas por el TE. Robinson aparece siempre donde nadie lo espera, pero chifea aquellos sitios donde (para más mal que bien…) sí es asumida su presencia. Por ejemplo, el 8 de septiembre acudió a la cita acordada por Laurentino Cortizo con Crispiano Adames y Heriberto Araúz, pero cinco días después no se presentó a una reunión entre el TE y la Comisión de Gobierno, de la que él es vicepresidente. Y no es que tenía algo mejor que hacer, porque a esa misma hora, circulaba por la Asamblea, denigrando a los candidatos de libre postulación. Tampoco se ha dejado ver en las tres sesiones que ha llevado a cabo la mesa técnica, siendo así el único miembro de la Comisión de Gobierno que le ha dado la espalda a esa iniciativa. El resto ha estado puntualmente ahí. A ese desplante hay que sumar que Robinson es el representante principal del PRD en la Comisión Nacional de Reformas Electorales. Sus suplentes son Darisnel Espino y Quibian Panay, que sí está sentado en la mesa, aunque presumimos que por su condición de secretario de la Asamblea. Cualquiera diría que esa es la actitud propia del niño aquel que, cuando no consigue lo que quiere, se lleva los bates, los guantes y la pelota. Bueno… los bates ya se los llevó. Esa notable ausencia podría estar indicando que, para él, su participación ya no tiene mayor sentido si se refiere a aceptar lo propuesto en el proyecto original, o que le importa dos pepinos lo que ocurra en esa mesa.
La Asamblea no es el único lugar donde reina la incertidumbre. La Antai ha creado una “Comisión Interinstitucional de Seguimiento de Políticas Públicas Anticorrupción”, para dar cumplimiento a los objetivos trazados en todas las leyes, convenios y retos firmados sobre esa materia, por distintas autoridades en las últimas dos décadas. La comisión está conformada por los titulares de 18 entidades, incluyendo algunas muy desprestigiadas, como la Asamblea, el Órgano Judicial, la Contraloría y la Alcaldía de Panamá. Esto es igual que reconocer que producirán una obra de ciencia ficción ya que, en esencia, en el país no existen normas que realmente prevengan actos de corrupción, más allá de algunas disposiciones puramente retóricas. Supuestamente, la comisión tendrá 60 días calendario para rendir a Antai un informe integral sobre los aportes, sugerencias y recomendaciones. Esto suena a chiste de Pepito. La última vez que la Antai, sentencia en mano, impuso una sanción porque la Asamblea no entregó información pública, la Corte se encargó de dejar esa acción sin efecto. ¿Esta es la gente que va a combatir la corrupción? Pareciera que están echando mano de cualquier iniciativa, para desviar la atención. Hay que reconocer que cada vez se hacen más sofisticados en la forma en que intentan que miremos para otro lado.


