Tres semanas después de aquel 4 de noviembre, cuando la potente corriente del río Chiriquí Viejo arrasó con viviendas, tendidos eléctricos, acueductos, carreteras y, trágicamente, seres humanos, hoy se apunta a dos factores clave como los protagonistas del desastre: el cambio climático y la mano del hombre.
Desde el punto de vista de José Victoria, director nacional de Seguridad Hídrica del Ministerio de Ambiente (Miambiente), esto se observó en las cuencas de los ríos Chiriquí Viejo, Fonseca, Tabasará, Chiriquí y Chico, en la provincia de Chiriquí y la comarca Ngabe Buglé.
Por ejemplo, en la cuenca alta del río Chiriquí Viejo, donde ocurrieron los principales daños, Victoria subrayó que fue la falta de prácticas de conservación de suelo (por deforestación y agua de escorrentía), la alta saturación de los suelos por las lluvias intensas, los deslizamientos de áreas de cultivo y de zonas boscosas, entre otras, las principales razones por las que se dieron los daños.
El funcionario destacó que “el factor detonante de los daños materiales, de infraestructuras [fue] la invasión de tierras en zonas inundables con edificaciones de estructuras como casas, puentes y carreteras, sin dejar el bosque de galería de protección”.
En comunidades como Bambito, en el corregimiento de Paso Ancho, distrito de Tierras Altas, aún no se reponen de las afectaciones que les dejó la crecida del río Chiriquí Viejo y varios deslizamientos de tierra. La incertidumbre aún reina allí, pero muchos están claros en cuál debe ser la hoja de ruta a seguir.
Ayer, autoridades locales, del Sistema Nacional de Protección Civil y del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial se reunieron con residentes y comerciantes del lugar, para tomar una decisión sobre el futuro del sitio.
Allí estuvo la representante del corregimiento de Paso Ancho, Yadira Santamaría, quien detalló que en el caso de Bambito hay por lo menos 50 viviendas cuyas familias tendrían que salir porque sus vidas correrían peligro al seguir viviendo en una zona de riesgo.
De hecho, en medio del encuentro se planteó declarar esa área de Bambito como una zona inhabitable, pero de índole comercial.
De acuerdo con Santamaría, lo más lógico es que las familias salgan de la comunidad, pero aún queda pendiente el tema de reubicar a los damnificados, ya que aún no hay una respuesta específica para ellos. En ese contexto, se espera que hoy el ministro de Vivienda, Rogelio Paredes, visite Tierras Altas, para tratar ese asunto.
A juicio de la representante de corregimiento, de no haber un lote o propuesta de reubicación concreta para estas familias, no saldrían de Bambito y ocurriría lo mismo que en 2014, cuando hubo un desastre parecido en la comunidad de Las Nubes, en Cerro Punta, y todo quedó en el olvido.
“Lo ideal es que las personas salgan de allí”, acotó.
Otra de las que estuvo en la reunión fue Ana Leticia Miranda, ingeniera municipal de Tierras Altas, quien detalló que aún no hay nada escrito y aprobado, pero que están haciendo las evaluaciones con Sinaproc, el Ministerio de Vivienda, el Municipio de Tierras Altas y otros estamentos, para crear un acuerdo municipal que permita declarar Bambito zona inhabitable comercial.
Según Miranda dicha declaratoria impediría que las personas residan en el área y menos a orillas del río Chiriquí Viejo. Mientras, algunos negocios podrían permanecer allí, bajo ciertas restricciones, ya que seguiría siendo un lugar de gran valor turístico.
“Se podrían habilitar bodegas, cultivos u otros sitios de venta a orillas de la calle; vamos a aprovechar la situación para que se pueda desarrollar Bambito con aceras, ciclovías, bancas, luminarias, entre otros beneficios que las personas [residentes] o visitantes puedan aprovechar”, detalló.
La estrategia
Para Gustavo Bernal, expresidente de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), las palabras clave para evitar más desastres en esa zona, como el del pasado 4 de noviembre, son canalización de los ríos, buenos drenajes y la más importante, el mantenimiento de las vías.
Para Bernal el problema es que habían personas viviendo muy cerca del río y por otra parte una actividad agrícola que no respeta el medioambiente. “Coincido en que las personas no deben habitar esta zona de riesgo, y hay que adecuar el cauce del río en Bambito”, remarcó.
Ante esto, el Ministerio de Ambiente informó que está en la fase de formulación de iniciativas y acciones que deberán estar encaminadas en dos vías: la primera es organizar una reacción integral en el país antes, durante y posterior a un evento climatológico, a través de la creación de un Instituto Hidrometeorológico Nacional.
La segunda debe ser un plan correctivo, empezando por cinco de las ocho cuencas hidrográficas que tiene la provincia de Chiriquí y que incluyen las dos cuencas que comparte con la comarca Ngäbe Buglé.
En este caso, la entidad ambiental considera que hay una gran necesidad de ejecutar un verdadero “reordenamiento territorial”, que debe ser aplicado a nivel de las cuencas del país y puesto en práctica por los Gobiernos Locales en coordinación con las instituciones y la población civil.
Esta estrategia también debe contemplar la reubicación de infraestructuras que se encuentran en el cauce del río Chiriquí Viejo y el río Fonseca (Soloy), implementar el diseño de obras hidráulicas capaces de drenar las aguas de escorrentía y las crecidas de los ríos en vías y carreteras, así como hacer una revisión del cauce del río en Bambito para determinar la necesidad de dragados y enderezamientos de pequeños sitios del cauce.
Por último, Miambiente considera importante instaurar un plan de manejo de residuos sólidos de la agricultura en general, incluyendo los plásticos de los invernaderos en desuso, cintas de riego, envases de agroquímicos, y realizar evaluaciones de suelo.
Susana Serracín, ambientalista de la Alianza para la Conservación y el Desarrollo, considera que lo ocurrido en Tierras Altas con el paso de los huracanes refleja que es el pase de factura de años de práctica de una agricultura intensiva inadecuada en el área, la alarmante deforestación y la falta de un plan de manejo de suelos.
“Se requiere con urgencia que el Ministerio de Ambiente y el Ministerio de Desarrollo Agropecuario tomen las medidas correctivas, ya que es evidente que con los efectos del cambio climático todos los daños ambientales se exacerban, golpeándonos con pérdida de vidas humanas y económicas”, concluyó.
Lorenzo Jiménez, de la Asociación de Productores de Tierras Altas, lo tiene claro: se necesita crear más conciencia entre los productores para desarrollar una agricultura sostenible y amigable con el medio ambiente, pero pienso que luego de este desastre todos estamos preparados para seguir ese camino.
