Millones de camboyanos acudieron ayer a las urnas en unas elecciones municipales que miden la popularidad del dirigente Hun Sen -en el poder desde hace décadas-, previas a las legislativas programadas para 2018.
“Voté por el cambio, quiero probar con nuevos dirigentes”, explica Tara, de 30 años, a la salida de un colegio electoral de la capital, Phnom Penh. “Quiero que el país evolucione más, que se respeten los derechos humanos”, añade en alusión a la represión de las voces críticas, a menudo mediante un sistema judicial a las órdenes del poder, como ha denunciado la oenegé Amnistía Internacional (AI).
Tara votó por el Partido de Rescate Nacional de Camboya (CNRP), principal formación opositora, que capta votos entre los jóvenes en un país donde el 70% de la población tiene menos de 30 años. El CNRP denuncia un sistema corrupto y quiere acabar con la supremacía del partido de Hun Sen, que gobierna desde hace más de 30 años, en estos comicios celebrados en más de mil 600 municipios del país asiático.
Hun Sen, excombatiente de los Jemeres Rojos, es primer ministro desde 1985. Son las primeras elecciones desde las legislativas de 2013, en las que la oposición acusó a Hun Sen de haber cometido fraude para favorecer a su formación, el Partido del Pueblo Camboyano (CPP). Esto dio lugar a manifestaciones multitudinarias.
El CNRP, cuyo jefe Sam Rainsy optó por el exilio para evitar un juicio que tilda de político, acusa al poder de ser cada vez más represivo y corrupto. Hun Sen ha maniobrado para cortar las alas al CNRP, multiplicando los procedimientos judiciales contra los opositores que ganaron terreno en las legislativas de 2013.
Hun Sen afirmó recientemente que “estallará una guerra” si el CPP pierde el poder y si la oposición la emprende contra su familia, a la que acusa de haberse apropiado de la economía del país.
