Si Panamá se pone “las pilas”, en una o dos décadas podría convertirse no solo en una ciudad inteligente, sino en un país sistematizado, opinan expertos en el tema energético para quienes solo falta la voluntad de los entes públicos y privados involucrados.
El mayor compromiso ya fue suscrito, dicen. Y es que Panamá trazó recientemente el Plan Energético 2015-2050, con el que se pretende alcanzar –en esos 35 años– que el 70% de la generación de energía se produzca con fuentes limpias y renovables.
Una ciudad inteligente es aquella donde se aprovechan los recursos, a través de sistemas de monitoreo y control con sensores, para que la demanda energética que requieren los usuarios sea eficientemente canalizada por las empresas que la generan, transmiten y la distribuyen.
Por supuesto que para desarrollar todo un sistema de inteligencia, a través de software y equipos de alta tecnología, se requiere inicialmente de cuantiosas inversiones, que con el pasar del tiempo redundarán en sustanciales ahorros y beneficios para la gente.
Los especialistas aseguran que, una vez instalado este tipo de sistema, se pueden garantizar ahorros de por lo menos 30% en la facturación eléctrica.
Afirman, además, que una red de este tipo no solo traería beneficios en asuntos energéticos, sino que impactaría positivamente a todos los sectores, como por ejemplo el transporte público, la distribución de agua, la seguridad ciudadana, entre otros.
“Al tener un sistema inteligente, con toda la automatización y el equipo necesario para maniobrar una red, ya sea eléctrica, de agua o de tráfico, el ahorro será principalmente energético (...) y lógicamente habrá un impacto de beneficio en la calidad de vida del ciudadano”, señala Norberto Irausquín, gerente regional de Cuentas de la firma francesa Schneider Electric, que tiene 40 años de presencia en Panamá y ha desarrollado proyectos de eficiencia energética y de automatización en el país.
Por su parte, el gerente de Arquitectura de Soluciones de la transnacional, Rafael Espinal, considera que con todas las gestiones que ha implementado dentro de este contexto, Panamá se encuentra en una “etapa de arranque” para ser una ciudad inteligente, ya que se han preconcebido sistemas de tratamiento de aguas residuales, de control de tráfico vehicular y de seguridad en varios puntos de la ciudad, y ha puesto en marcha un sistema de producción de energía renovable.
“Tiene los condimentos necesarios para que, a través del Estado y de los entes privados, se incrementen esas capacidades y logre en un futuro cercano ser una ciudad inteligente”, opina.
Espinal recalca que dependiendo del accionar de todos los actores de la sociedad, en una o dos décadas Panamá pudiera lograr un avance de entre 60% y 70%, con miras a convertirse en una ciudad inteligente.
En la región centroamericana, Costa Rica lidera las gestiones para transformar a sus ciudades en ciudades inteligentes, seguida de Panamá. Mientras que en el continente, Estados Unidos lleva muchos años de ventaja en esta materia.
En el mundo, países como Singapur, Japón y Alemania se han consolidado en este tema.
Para los expertos, Panamá tiene que enfocar sus primeros pasos hacia la eficiencia e inteligencia sistematizada, en los servicios eléctricos y de agua, para luego involucrarse en la automatización del tráfico vehicular y posteriormente abarcar el terreno de las edificaciones y zonas residenciales.
Los especialistas aducen que con las conocidas smart city se obtiene mejor intercambio de información, mayor capacidad de reacción para afrontar incidencias y más control de los sistemas de las ciudades.
Otro aspecto positivo es que se reducen las emisiones de dióxido de carbono y se registran ahorros en el consumo energético y en costos operativos.
Pero el mayor beneficio es, a su juicio, que se mejora la calidad de vida de los ciudadanos, se incrementa el atractivo de las ciudades y se aumenta la competitividad global.
