Una ciudad en rebelión

Desde el 4 de febrero, los habitantes del estado Táchira, en Venezuela, se encuentran protestando contra el gobierno de Nicolás Maduro. Lo que empezó como una protesta estudiantil por el intento de violación a una estudiante en San Cristóbal, capital del estado, fue creciendo –por el encarcelamiento de varios estudiantes y la represión gubernamental– hasta convertirse en lo que es hoy, una ciudad –y un estado– en completa rebelión frente al gobierno en Caracas. Desde la capital es imposible imaginarse lo que está ocurriendo en San Cristóbal. El blackout informativo venezolano ha hecho que muy pocos medios hayan venido a documentar el que quizá sea el aspecto más significativo de la crisis venezolana.

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Después de todo, aquí fue donde todo –desde “la salida” de Leopoldo López hasta la “conferencia de paz” de anteayer– comenzó.

La rebelión tachirense se está caracterizando por su naturaleza comunitaria.

La totalidad de la ciudad –de ricos a pobres y de jóvenes a mayores– se encuentra en insurrección. Por la mañana, la vida transcurre con cierta normalidad: algunos comercios abren sus puertas y la gente sale de sus casas para abastecerse –o intentar hacerlo, ya que las filas son kilométricas prácticamente para todo–, hacer algunos mandados y volver a casa. A medida que va cayendo la tarde comienzan a aparecer las barricadas –en cada calle de toda la ciudad– y comienzan los enfrentamientos entre ciudadanos, fuerzas gubernamentales y los llamados colectivos armados.

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