Con el cambio de gobierno en Estados Unidos se manifiesta un golpe de timón en la gestión de las relaciones exteriores de la primera potencia del mundo.
Sin embargo, sería muy ingenuo pretender que el presidente electo, Joe Biden, abandonará todas las políticas de Trump. Estados Unidos mantiene una diplomacia muy disciplinada con sus intereses nacionales, muy bien definidos.
La llegada de una administración demócrata a la Casa Blanca sugiere una era de oportunidades y de una interrelación menos confrontacional en la esfera internacional. En términos generales, a Panamá le ha ido muy bien con la Casa Blanca en manos de los demócratas, ya que desde el Tratado Torrijos Carter hasta el Tratado de Promoción Comercial, fueron ratificados en gobiernos demócratas.
No obstante lo anterior, es clave para los intereses nacionales de Panamá entender todas las oportunidades y desafíos que ofrece la administración Biden en las relaciones exteriores de un sistema-mundo en transición.
Biden y Panamá, un vínculo de 5 décadas
Joe Biden fue senador de Estados Unidos por 45 años, dentro de los cuales tuvo participación en importantes votaciones que afectaban a Panamá.
En efecto, Biden fue uno de los senadores que votó a favor de los Tratados Torrijos Carter en 1977 y sobrevivió para contarlo. En la década siguiente, fue crítico feroz de la política de Estados Unidos en Centroamérica, incluyendo el apoyo de su país al régimen del dictador Manuel Antonio Noriega.
En su historial senatorial, Biden demostró simpatía por los derechos humanos, el fortalecimiento de los sistemas de justicia y la lucha contra la delincuencia.
Se tiene registrado que Biden visitó Panamá como vicepresidente de Estados Unidos en noviembre de 2013, oportunidad en la que conversó con el entonces presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, e hizo un recorrido por las obras de ampliación del Canal para luego entrevistarse con los tres principales candidatos presidenciales para las elecciones de 2014.
En aquella visita, según registra Rafael Candanedo en el artículo Biden, el Canal y Panamá, publicado en La Prensa el 21 de noviembre de este año, Biden afirmó que América Latina ya no es un “patio trasero” de Estados Unidos. Según Candanedo, Jill Biden, esposa y futura primera dama de Estados Unidos, fue la delegada oficial de dicho país para la apertura del Canal ampliado, en junio de 2016.
El espacio bilateral
Desde el 9 de marzo de 2018, cuando renunció el entonces embajador John Feeley, Estados Unidos no ha tenido representante diplomático de esa categoría en Panamá. Aunque se anunció en abril de este año que Erik Paul Bethel sería el nuevo embajador, la nominación nunca se concretó.
Ese será el primer vacío que la administración Biden deberá atender. La oportunidad de nombrar un embajador al comienzo de una nueva administración es una forma de consolidar la visión de las relaciones diplomáticas del mandatario.
Ese nombramiento indicará cómo valora y considera Biden a Panamá.
Estados Unidos es el principal usuario del Canal de Panamá, el primer inversionista extranjero y un importante mercado para los bienes y servicios panameños. Sin embargo, otros aspectos de la huella de Estados Unidos en Panamá no son tan conocidos. Por ejemplo, Estados Unidos ha hecho importantes aportes a la preservación de Darién, del área del Canal y de la gestión ambiental de gran parte del país, con la creación de tres fondos autónomos, financiados por canje de deuda pública panameña adquirida por el gobierno estadounidense y, excepcionalmente, por donantes privados: Fondo Darién, Fondo Chagres y Fundación Natura. Esto marca parte del interés fundamental estadounidense en la preservación de sus propios intereses.
Si el Canal de Panamá se queda sin agua, aumentan los costos para su economía. Si los bosques de Darién desaparecen, se pierde una protección natural clave para la economía estadounidense.
El tema ambiental subraya uno de los espacios de interacción fundamentales para la buena gobernanza de Panamá. Ese hilo lleva hacia los temas de seguridad pública, la lucha contra el narcotráfico y la gestión de la migración extracontinental.
En estos temas, Estados Unidos ha sido bastante consistente en los últimos 20 años, aunque lo diferente puede ser el enfoque.
Las visitas recientes de altos mandos diplomáticos, militares, antinarcóticos y de inteligencia sugieren que hay un proceso de reformulación de los mecanismos de cooperación en esos temas y que los eslabones más débiles de estos esfuerzos parecen ser la operación de la justicia y la vulnerabilidad de los estamentos de seguridad a la corrupción.
La cooperación en materia de blanqueo de capitales se ha ampliado recientemente, como una fuerza de tarea conjunta compuesta por agencias del gobierno de Estados Unidos y el Ministerio Público. De funcionar este modelo, podría ampliarse a otras esferas.
La presidencia de Biden abre una puerta a una diplomacia económica internacional sumamente interesante. La gran mayoría de los países con economías emergentes se han endeudado por la pandemia y la recuperación económica requerirá de mayor deuda. Aunque incipiente, ya existen llamados internacionales para una condonación o reconversión de esa deuda.
Panamá ha tenido una importante experiencia con los tres fondos antes mencionados y así se podría combinar la experiencia con la aspiración de Biden de promover una respuesta rápida contra el cambio climático. La reforestación y conservación de bosques y manglares existentes es más barata en Panamá que en Estados Unidos. Esto abre muchas oportunidades convenientes para ambos países.
El álgido tema de la corrupción marca, a su vez, el gran abismo de lo que es y de lo que pudiera ser la actividad económica entre ambos países. Así, las empresas estadounidenses no participan en las licitaciones panameñas y los inversionistas de ese país enfrentados a nuestro sistema judicial no han salido muy bien parados.
La plena implementación del Tratado de Promoción Comercial, suscrito entre ambas naciones, requiere de mayor atención a estos desafíos para que genere todas las oportunidades de desarrollo que los panameños merecen.
Así como la relación de Estados Unidos con China promete ser menos confrontacional, Panamá podría reexaminar multimillonarios proyectos asociados con empresas chinas. Tal vez, el mayor impacto visible de la presidencia de Joe Biden sea un cuarto puente sobre el Canal de Panamá construido por una empresa china.
