CONSTRUCCIÓN DE UNA NACIÓN

El comienzo de una gran gesta

El primer grito de independencia, evento que ocurrió el 10 de noviembre de 1821, es el motivo de orgullo principal para los villanos.

El comienzo de una gran gesta
Mambo, como lo conocen en La Villa de Los Santos, asegura que el pueblo no se da abasto los 10 de noviembre. Que si bien

Edilberto Enrique Villalaz dice que el 10 de noviembre de 1821 marcó el camino de la liberación panameña. Que fue allí cuando, como pueblo, el istmo dio el primer paso.

“Como el 9 de enero, que fue el primer paso para la reversión del Canal”, afirma con la mirada hacia el pequeño plato de carne adobada con la que rellena las carimañolas que amasa.

A Villalaz lo conoce todo el pueblo. Quizás no por ese nombre, pero sí como Mambo, el de la fonda de El Tamarindo, el que hace calzones.

Dice Villalaz que el 9 de enero de 1964 él estaba en la ciudad. Había viajado con un tío y estaban en el terraplén cuando comenzaron los disparos. Recuerda que comenzaron a correr. Y que después volvieron a su pueblo, a La Villa de Los Santos.

“El 10 de noviembre de 1821 fue el primer paso hacia nuestra libertad de los españoles, como el 9 de enero fue el primer paso para la reversión del Canal”.


Edilberto Villalaz
Cocinero

El Tamarindo es un galpón enorme y en el fondo está un pequeño bar con algunos televisores. Justo en la entrada del local, como para evitar la tentación, está la fonda de Mambo. En sus dibujos aparecen algunos de sus productos, incluyendo los calzones, ese producto italiano que es una pizza doblada. En La Villa la hacen con masa de empanada y adentro el jamón y queso con salsa.

Mambo, como el resto de los villanos, siente gran orgullo por la gesta del 10 de noviembre. Cree que ese es el mayor aporte que le ha dado el pueblo, su pueblo, al resto del país. Y sigue con las carimañolas. Las amasa, les abre un pequeño hueco y las rellena con la carne. Luego las cierra y las amontona. En unos minutos entrarán a la freidora y después serán devoradas con gusto.

Toda su vida se ha dedicado a la comida. Es más que trabajo. Es su vocación. Antes vendía en la calle, hasta que fue ganando algo de dinero y lo invirtió en un local. Y qué mejor locación que en la entrada de un jorón, sobre una de las principales avenidas del pequeño pueblo.

La sazón fue la clave, y así logró levantar un nombre. Deja de rellenar las masas de yuca y cuenta, con el pecho henchido, que con ese dinero ha podido pagar la educación universitaria de sus tres hijos. “Los tres son profesionales”, dice y vuelve a la rutina del relleno.

A su lado, cientos de masas y atrás de él una mujer sumerge productos en las freidoras.

Cuenta que no le gustan las celebraciones tan pomposas. Que sí, que agradece que las escuelas le rindan honores al 10 de noviembre, pero que llegan más y más colegios cada año que pasa. Y que hay demasiada gente en la calle, y que no se puede caminar. Y sigue con el relleno de sus carimañolas. Para conocer más de la entrevista a Villalaz, acceda a www.prensa.com/historias-de-mi-pueblo


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