En medio de una recuperación que tímidamente ha impactado a los sectores de la economía doméstica, la construcción encara el desafío de acordar una convención colectiva con sus trabajadores, teniendo encima la amenaza de una huelga al no haber humo blanco en la propuesta del aumento de salario que regiría de 2022 a 2025.
Los trabajadores reclaman con firmeza un ajuste que sea cónsono con el alza de precios en el transporte, comida y medicamentos, mientras las empresas alegan que no recuperan el ritmo previo a la pandemia, que se enfrentan al pago de obligaciones bancarias acumuladas y al alto precio de los insumos, teniendo como precedente seis meses de total parálisis en 2020, a raíz del confinamiento.
Un comparativo de aportes al producto interno bruto (PIB) por parte del sector de la construcción señala que en el tercer trimestre de 2019 alcanzó $1,551.8 millones; en el mismo periodo de 2020, $450.2 millones, y en 2021 se colocó en $907 millones.
Otro indicador importante es el de las inversiones declaradas en la actividad en el distrito de Panamá y media docena de los principales distritos del país. Mientras en 2019 esta inversión declarada fue de $1,130 millones, en 2021 cerró con apenas $772.6 millones.

