La Corte Suprema de Justicia es un cuerpo colegiado, cuyos nueve magistrados tienen múltiples funciones, que incluyen las tareas propias de los casos judiciales y las asignaciones administrativas de sus cargos.
Cuando un magistrado se va de viaje, el costo de su travesía no es únicamente el pasaje y los viáticos, sino también los costos de encargar a un suplente para que continúe con sus tareas. A su vez, el suplente es magistrado de un tribunal superior que debe enfrentar la vacante temporal de uno de sus miembros y, a su vez, cubrirla con otro suplente proveniente del Órgano Judicial.
A esta escalera de vacantes temporales se adiciona la mora judicial de los casos manejados directamente por el magistrado viajero, que deben esperar a su regreso para las etapas del proceso que le correspondan. Cuando el viaje es realizado por el presidente de la Corte Suprema de Justicia, todos estos efectos se multiplican, dado que dicho funcionario es también presidente de la Sala Segunda de lo Penal y de la Sala Cuarta de Negocios Generales.
Todo esto sin olvidar que ostenta la representación del Órgano Judicial y es responsable de su administración. Sus ausencias impactan a la justicia tremendamente por todos estos aspectos.
*El autor es abogado