Si bien por la mañana había decidido recorrer en silencio el campo de concentración de Auschwitz, por la tarde el papa se asomó al balcón de la sede del arzobispado de Cracovia y denunció ante cientos de peregrinos que “la crueldad no ha terminado en Auschwitz”. Francisco no desaprovechó la oportunidad de clamar contra las llagas modernas que afligen al mundo y se preguntó“cómo es posible” que el hombre sea capaz de cometer estos “pecados”.
“La crueldad no ha terminado en Auschwitz. También hoy se tortura a la gente. Tantos prisioneros, son torturados para hacerlos hablar. Hoy hay hombres y mujeres en las cárceles saturadas. Viven como animales. Hoy existe esta crueldad”, lamentó. En su particular recuento de víctimas contemporáneas, Jorge Mario Bergoglio nombró a los presos hacinados, a los niños inocentes que están enfermos, a los torturados en las guerras, a los que sienten el peso de la culpa, a los sedientos y hambrientos o a los enfermos que están solos.
“Recemos por todos los Jesús que hay hoy en el mundo (…) Sufren tanto”, exclamó.
Antes el papa había escogido el silencio como grito de dolor en el lugar donde se fraguó hace 70 años el epicentro de la atrocidad humana, donde más de un millón de personas fueron asesinadas por los nazis. Conmovido, Bergoglio atravesó a pie el portal forjado en hierro con la inscripción Arbeit macht frei [el trabajo los hará libres] que figura en la entrada de Auschwitz. Un lema falaz porque los cientos de miles de personas que llegaron hasta aquí, hacinados como animales en vagones entre 1940 y 1945, nunca encontraron la libertad.
Después visitó el bloque 11, donde los nazis encerraban a los prisioneros en celdas subterráneas para dejarlos morir de hambre o sed. Allí se detuvo durante unos minutos ante el ‘muro de la muerte’, en el patio que escenificó las escrupulosas selecciones de los que iban a ser ejecutados. El papa acudió a la celda donde fue asesinado con una inyección letal Maximiliano Kolbe, un franciscano polaco que voluntariamente se ofreció a morir en lugar de un padre de familia judío.