El papa Francisco se despidió ayer de los chilenos con un llamado a abrir sus brazos a las nuevas oleadas de inmigrantes y a brindarles un trato más justo, después de una serie de actividades en el puerto de Iquique, la última escala de su visita al país antes de volar a Perú.
Miles de fieles acamparon en las afueras de una playa cercana a Iquique, en el corazón del desierto más árido del mundo, donde el sumo pontífice entregó su mensaje final en suelo chileno, con especial énfasis hacia los extranjeros residentes.
“Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación (...) Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos inmigrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en regla”, dijo el papa en un acto al que concurrió menos gente de la esperada.
Iquique, que en lengua de la etnia aymara significa “sueño”, se ha convertido en los últimos años en uno de los mayores polos migratorios del norte del país para personas que huyen de las crisis políticas y económicas en sus naciones de origen.
Pero la llegada de los extranjeros al puerto, en una región que alberga importantes faenas mineras, ha despertado sentimientos xenófobos en la población local, un rechazo que se repite en las principales urbes de Chile. Los inmigrantes, que solían venir de países vecinos como Bolivia y Perú, en los últimos años han llegado desde sitios más lejanos como Haití, Cuba, Venezuela y Colombia.
“Esta tierra (Iquique) es tierra de sueños, pero busquemos que siga siendo también tierra de hospitalidad”, abogó el primer papa latinoamericano.
El pontífice, nacido en Argentina como Jorge Bergoglio y que vivió cerca de un año en Chile en su juventud, llegó al país el pasado lunes.
En las jornadas previas pidió perdón por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes y buscó tender un puente con los pueblos originarios. No obstante, el papa Francisco desató la ira de algunas víctimas de los abusos sexuales por parte de sacerdotes acusados de pederastia, al calificar como “calumnias” los señalamientos de que el obispo chileno Juan Barros estaba enterado y encubrió a Fernando Karadima, considerado el mayor religioso pederasta en la nación andina. Una vez concluida la misa masiva, el papa se reunió de manera privada con víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet.
La presidenta chilena, Michelle Bachelet, quien viajó a Iquique para participar en las actividades papales, celebró los mensajes de Francisco hacia los más postergados desde que arribó el lunes al país.
“Las palabras y acciones del papa Francisco hacia los pueblos indígenas, quienes viven privados de libertad, los migrantes, jóvenes y nuestro pueblo en general han sido un testimonio de esperanza en el futuro de Chile. Gracias @Pontifex_es!”, dijo la mandataria en su cuenta de Twitter.
