Silvio Berlusconi cumple hoy 80 años. Pero el viejo tahúr de la política italiana no los celebrará como antaño, con fiestas salvajes y eróticas que acababan en polémicas abigarradas: “Ninguna fiesta –declaró a la revista Chi– haré solo una cena íntima con mis cinco hijos. Les he pedido que no me hagan ningún regalo. Si quieren, que lo dediquen a la caridad”.
Cuando cumplió 70 dijo: “Solo Napoleón hizo más cosas que yo. Pero yo soy mucho más grande que él”.
Con 10 años más sobre las espaldas, Berlusconi vive fuera del ring político, lejos de los focos y de las parafernalias mediáticas. A su lenta agonía política, circundada de líos judiciales por corrupción y escándalos de orgías con una menor de edad, se sumaron los achaques de la vejez. En junio sufrió una operación a corazón abierto y desde entonces sus apariciones en público son mínimas.
Sus comienzos sí fueron de color de rosa. Mostró dotes de comercial antes incluso de terminar sus estudios universitarios. Vendió hasta aspiradoras y se desempeñó también cantando a bordo de cruceros de placer. En 1961 se graduó de abogado y creó su primera empresa, Edilnord, con un préstamo del banco donde trabajaba su padre.
En 1976, con 40 años, ya era uno de los hombres más ricos de Italia. Construyó una majestuosa urbanización que bautizó como Milano 2 y ya era conocido en la sociedad como un gran empresario de dudosa moral.
En 1979, fundó Canale 5 y comenzó una vertiginosa carrera para hacerse con el control de la opinión pública. En la década de 1980, compró Italia Uno y Rette Quattro.
Además, en 1986, ya era el dueño del equipo de fútbol AC Milan, el club más importante del mundo. “Se convertirán en los más fuertes del planeta”, aseguraba entonces de sus jugadores.
Inauguró los 90, con la adquisición de los supermercados Standa y con la tenencia de la mayor parte de las acciones de la editorial más importante del país.
Y entonces saltó a la política. En 1993, fundó su propio partido político al que llamó, Forza Italia (Adelante Italia). Llegó a ser elegido tres veces presidente del Consejo de Ministros viciando el sistema con la corrupción endémica, los privilegios y los ataques continuos a los jueces a los que definió en muchas ocasiones como “metástasis de la sociedad”. “Soy el mayor perseguido de toda la historia del mundo”, llegó a declarar autoproclamándose el mártir más grande de la humanidad. Sobre su labor como jefe de Gobierno acotó después: “Soy el mejor presidente de siempre”.
Berlusconi será recordado por haber dado la bienvenida al triunfo de Barack Obama calificándolo como “un joven bronceado” o por ser el compinche de las fiestas y los negocios de Vladimir Putin y Muammar Gaddafi.
Hasta ahora, ha sido imputado en más de 33 procesos judiciales (de los que solo ha sido condenado en 3 y ninguno con sentencia final) y nunca tuvo reparos en admitir que se había sometido a cirugías plásticas.
Pero su aspecto más siniestro es aquel en que Silvio Berlusconi desprecia a la mujer. Prueba de ello es el calificativo con el que definió a la canciller alemana, Ángela Merkel: “culona grasienta con la que no habría manera de tener sexo”.
El próximo 7 de octubre deberá sentarse en el banquillo de los acusados del tribunal de Bari junto al principal intermediario corrupto de los contratos entre las empresas italianas y Panamá, Valter Lavítola. En el juicio se examinarán las fiestas eróticas –conocidas popularmente como “bunga-bunga”– que Berlusconi celebró en sus residencias.
“Esta noche tengo dos niñas: una periodista de deportes de Mediaset, napolitana, muy simpática, muy dulce, y otra brasileña de 21 años que me ha llorado al teléfono diciéndome que me había olvidado de ella”, dice el político italiano en una de las conversaciones telefónicas que servirán de prueba.
Sin embargo, el golpe más certero que asestó contra el corazón de la democracia fue el haber pagado a varios parlamentarios de la oposición para hacer caer el gobierno de Romano Prodi en 2008. Por este grave delito, orquestado con la complicidad de Lavítola, ambos fueron condenados en primer grado a tres años de prisión.
Cuando cumple 80 años, parece que todo el imperio de Berlusconi está perdido. Las tres cadenas de televisión que regentaba pertenecen a la arqueología de la comunicación; el Milan, no solo no gana un partido desde hace siglos, sino que fue vendido a los chinos y Forza Italia no llega, según los sondeos, ni al 10% de los votos. Por perder, perdió hasta el título honorífico de Il Cavaliere cuando fue condenado a cuatro años de prisión por evasión fiscal.
“En mi vida nunca pensé en la edad. Al contrario, siempre viví como si tuviera 40 años, porque así me sentía: lleno de curiosidad y ganas de hacer. Después, al improviso ha llegado la enfermedad. Y con la operación llegó la conciencia de que soy un hombre de 80 años”, señaló en la entrevista que dio esta semana con motivo de su cumpleaños, que parece más bien un discurso de despedida, aunque la trayectoria vital del exjefe de Gobierno demuestra que puede volver a dar el salto a la política en cualquier momento.
