La Policía antimotines evitó el miércoles que manifestantes tomaran por la fuerza una fábrica en La Paz tras una multitudinaria protesta de obreros contra el cierre de la mayor textilera estatal, que dejó cesantes a más de 800 personas, en uno de los más fuertes conflictos que enfrenta el presidente Evo Morales en seis años, dijo ayer la agencia noticiosa Associated Press (AP).
Según el despacho informativo, un manifestante se voló una mano cuando detonó una carga de dinamita a pocos metros de los policías que resguardaban la fábrica, mientras que otras dos personas resultaron heridas. Más de 25 trabajadores fueron detenidos por la Policía, según el subcomandante de de esa fuerza, coronel Abel De La Barra. Los agentes dispersaron la protesta con gases lacrimógenos. La Central Obrera Boliviana, aliada política de Morales, apoyó la protesta a la que se unieron por lo menos cinco mil trabajadores en solidaridad con los despedidos.