MARCHA DEL ORGULLO LGBTI

Sí a la diversidad, sí a la tolerancia

Sí a la diversidad, sí a la tolerancia
Sí a la diversidad, sí a la tolerancia

Allí estaba María, que ama a otra mujer. Vi a Pedro, que se casó con Julio en México. Rosa cambió de sexo y tampoco faltó. Carmen y su esposo, Mario, cargaban la bandera del arcoíris.

El amor no tiene sexo. Es libre, espontáneo. Tampoco tiene raza. No es amigo de la discriminación, ni de los prejuicios, ni de los tabúes. Y ayer desfiló sin ataduras por una de las principales vías de la capital.

Panamá, al igual que las grandes capitales del mundo, celebró la marcha del orgullo gay. Ocurrió 47 años después de que la comunidad LGBTI de Estados Unidos se rebelara ante una redada policial que se dio en el bar Stonewall Inn, en Nueva York. Protestaron, reclamaron sus derechos y esto marcó el comienzo del movimiento en favor del reconocimiento de los derechos de esta población.

Un apagón, una lluvia torrencial, el caos del tráfico de un sábado de quincena. Nada impidió que a las 4:00 de la tarde miles de almas caminaran por la cinta costera para darle un espaldarazo a la diversidad y a la tolerancia.

La marcha partió desde los estacionamientos del Hotel Miramar y culminó en el Mirador del Pacífico, a pocos metros del Casco Antiguo de la ciudad.

La primera dama de la República, Lorena Castillo de Varela, la abanderada del evento; y el alcalde capitalino, José Isabel Blandón, encabezaban el desfile.

Ella lucía un suéter negro que decía: “No a la discriminación”. Él vestía una camisa blanca. Les acompañaba Ricardo Beteta, de la Asociación de Hombres y Mujeres Nuevos de Panamá, y la vicealcaldesa, Raisa Banfield.

También estaban el embajador de Estados Unidos, John Feeley, y el de Chile, Francisco Cruz, que desfilaron detrás de una pancarta que decía: “Diplomáticos por igualdad”.

Estaban los ateos, los creyentes, los negros y los blancos; los altos y los bajitos. Un ángel con alas rojas lanzaba besos al aire.

El rosa, el rojo, el naranja, el amarillo, el verde, el turquesa, el azul añil y el violeta, los colores de la bandera que en 1978 diseñó el activista Gilbert Baker para la comunidad LGBTI, flotaba en el aire, y estaba por todos lados. En las camisas de una buena parte de los marchantes, en forma de pulseras, en la ropa de las mascotas, en los juguetes de los niños.

Un grupo de mujeres de todas las edades gritaba las siguientes frases: “Por una educación sin discriminación”, “familias diversas con todas las fuerzas”, “Panamá despierta, incluye y respeta”, “si somos humanos, no discriminamos”, “por la diversidad, por tus hijos, aquí está”.

LAS RAZONES

La Alianza Proigualdad, organización que agrupa a 25 oenegés, una de las organizadoras de la actividad, emitió un comunicado en el que expuso las razones de la marcha.

Recordó, por ejemplo, que casi medio siglo después del incidente en el bar de Nueva York, la población LGBTI en el mundo y en Panamá continúa sin el reconocimiento legal que merece. En consecuencia, asegura, vive excluida de las políticas públicas y de la legislación mínima para que goce de sus derechos humanos fundamentales.

Piden al Estado que elimine los tratos desiguales y discriminatorios contenidos en diversas leyes. Recordaron los artículos 26 y 34 del Código de la Familia, que otorgan la posibilidad del matrimonio solo a personas de distintos sexos. También se refirieron a una frase en el artículo 35 del Código de Derecho Internacional Privado que prohíbe el matrimonio entre dos personas del mismo sexo, y el artículo 133 del reglamento de la Policía Nacional que le impide a los homosexuales y lesbianas pertenecer a la institución.

“Recordamos a la sociedad panameña que todas las personas tienen derecho en igualdad de condiciones a gozar de la totalidad de los deberes, derechos y oportunidades que un Estado provee y reconoce, sin ningún tipo de distinción”.

Luis, alto, guapo, de unos 25 años, agarraba a su pareja de la mano. Se trataba de otro hombre alto como él y de acento extranjero. “Este año vino más gente. Hay más conciencia. Al menos, el tema de la tolerancia ya está en el debate, es un avance”, asegura, Luis.

Leticia fue a observar la fiesta. Quería ver a la gente ser feliz y libre. “Tengo muchos amigos de la comunidad LGBTI y estoy aquí apoyándolos. Tenemos que seguir luchando para que se les reconozcan sus derechos. Sí a la tolerancia, sí a la diversidad”.

Reinas, reyes, duendes, ángeles, diablos, caminaron juntos; varias drag queens. Una carroza, varias comparsas. Gente que ama, que lucha, que pide respeto.

‘YO SOY HUMANO’

“Yo soy homosexual, yo soy heterosexual, yo soy lesbiana, yo soy bisexual, yo soy transexual. Yo soy humano”, se leía en una pancarta que cargaba el personal de la Embajada de Estados Unidos.

Al atardecer, cuando el sol del primer día de julio se despedía y la bahía de Panamá esperaba la noche, los últimos participantes de la marcha llegaban al Mirador del Pacífico de la cinta costera, el destino final. Habló Lorena Castillo de Varela, la esposa del presidente Juan Carlos Varela; habló Blandón. Caras felices, fiesta. La diversidad celebra. Todos eran lo que querían sin oscuridad, sin velos, sin máscaras. Humanos. Iguales.

Edición Impresa