El Aeropuerto Internacional de Tocumen es la ventana que ve todo turista al llegar a Panamá. Cerca de la media noche, dos vuelos, uno procedente de Bogotá, Colombia, y otro de Caracas, Venezuela, coinciden muchas veces en la terminal. Uno dura dos horas; el otro, un poco más de una hora.
El control de migración, que sirve desde la puerta 20 en adelante, se llena rápidamente. Los nacionales y residentes por una fila, y los extranjeros, por la otra. La mayoría llega algo somnolienta y cansada. Pocos hablan entre sí, a menos que tengan niños o familia que los acompañe. Muchos pasajeros llegan por negocios: los delata la maleta y la vestimenta.
Pasaporte y planilla de aduana en mano, o de migración según sea el caso, todos van pasando uno a uno a la casilla de migración. Es un ritual casi automático. En medio de ese ambiente, una voz de mujer quiebra el silencio. Proviene de un rincón de la sala. Una especie de cuarto de atención, que no se encuentra del todo descubierto. “Usted vio que mi compañera tenía mis 500 dólares. Trajimos mil dólares entre las dos. Revise las cámaras. Vamos para que vea que es cierto”. Una funcionaria de migración la trataba de calmar y de que bajara el tono de la voz. Muchos espectadores voltearon la mirada hacia aquel rincón de la izquierda. La chica inquiría, insistía: “Disculpe, señora, yo hablo así, yo no estoy enojada, es que es mi forma de hablar, pero vea las cámaras, yo sí traje los 500 dólares, los conté delante de su compañero. He venido cuatro veces a Panamá en los últimos años”.
A propósito, el cómico venezolano Laureano Márquez bromea en uno de sus shows con el comportamiento de los turistas al llegar a migración de Estados Unidos. Dice que casi todos se sienten como delincuentes, porque se está totalmente expuesto, y cualquier cosa es una razón para que te pasen al “cuartico”, para la revisión de “fondo”. Por lo regular, todo proceso migratorio puede ser intimidatorio.
¿Pero quién era aquella joven? ¿Por qué la retuvieron? Fue difícil dilucidar su destino y las razones exactas. Su acento era similar al de los pobladores de los estados andinos venezolanos de Táchira y Mérida. Pero también sonaba como de Cúcuta, Norte de Santander, Colombia.
Ambas culturas tienen tantas similitudes. Muchos comparten nacionalidades, cédulas y una historia que no se borra con una línea fronteriza ni con el cierre de un puente, que al abrirse miles traspasan de inmediato.
El principal punto de discusión con la joven era demostrar la posesión de 500 dólares. ¿Acaso a todos se les pregunta o se les inquiere que muestren los 500 dólares en efectivo para poder ingresar al istmo? La planilla de migración pide identificar, además de los datos personales, la dirección donde se quedará la persona, la cantidad de dinero que ingresarán al país.
El Servicio Nacional de Migración (SNM) recuerda que según la Ley 3 del 22 de febrero de 2008, artículo 43, apartado 6, los extranjeros deberán contar con solvencia económica para sufragar sus gastos mientras permanezcan en el territorio. El monto debe superar los 500 dólares para aquellas nacionalidades que no requieren visa para ingresar al país y mil dólares para el resto.
Las autoridades del Aeropuerto de Tocumen complementan que el ingreso puede demostrarse con la tarjeta de crédito, referencia bancaria, carta de trabajo o cheques viajeros.
El SNM aclara que verificar la solvencia integra un procedimiento regular. Sin embargo, no a todos los turistas o extranjeros se les pide mostrar físicamente a los funcionarios los billetes con los 500 dólares o las tarjetas de crédito. “Es un proceso aleatorio”, comentó un funcionario del aeropuerto. Al no demostrar la solvencia, la persona es devuelta.
Hasta julio pasado, el SNM registra la entrada de un millón 853 mil 788 ciudadanos al país, 89% a través de los aeropuertos. Por la terminal de Tocumen ingresaron un millón 591 mil 519 personas hasta ese mes. Por nacionalidades, la mayoría fueron de Estados Unidos. con 236 mil 270; de Colombia, con 208 mil 857; y de Venezuela, con 185 mil 671. Y unos 390 mil 277 panameños. Mientras, 395 fueron deportadas por distintas razones.
En las cinco primeras casillas se encuentran colombianos, nicaragüenses, dominicanos, venezolanos y haitianos.
